Göbekli Tepe: el templo que cambió la historia de la civilización
Construido 7.000 años antes que Stonehenge por cazadores-recolectores sin agricultura, el yacimiento turco de Göbekli Tepe invirtió una de las certezas fundamentales de la arqueología.
Crónica de Tarotgratuito.net
Hay descubrimientos que ponen en cuestión un hecho concreto, y hay descubrimientos que desplazan un principio. Göbekli Tepe pertenece a la segunda categoría. Este yacimiento arqueológico en el sureste de Turquía, comenzado a excavar de forma sistemática en 1994, ha obligado a reescribir la secuencia de eventos que, según el consenso anterior, habría dado origen a la civilización humana. Lo que allí se encontró contradice directamente uno de los esquemas más firmemente establecidos de la arqueología del siglo XX.
Las cifras que lo cambian todo
El dato fundamental es cronológico. Las dataciones por radiocarbono sitúan las estructuras más antiguas de Göbekli Tepe en torno al 9600 antes de Cristo, hace algo más de once mil seiscientos años. Para calibrar lo que eso significa, conviene compararlo con otros monumentos que solemos considerar antiquísimos. Stonehenge comenzó a construirse alrededor del 3000 antes de Cristo: Göbekli Tepe lo precede en siete mil años. Las pirámides de Giza se construyeron hacia el 2500 antes de Cristo: Göbekli Tepe las precede en siete mil cien años. La ciudad de Jericó, considerada durante mucho tiempo uno de los asentamientos humanos más antiguos conocidos, tiene una antigüedad comparable, pero como asentamiento de vivienda, no como monumento religioso monumental.
El yacimiento consiste en una serie de recintos circulares o elípticos construidos con grandes pilares en forma de T, labrados en piedra caliza, dispuestos en círculos y alcanzando alturas de hasta seis metros con pesos de hasta veinte toneladas. Estos pilares están decorados con relieves de animales de gran calidad técnica: zorros, serpientes, buitres, garzas, escorpiones, jabalíes. Algunos pilares tienen formas antropomorfas, con brazos tallados en sus laterales. La sofisticación del conjunto no tiene precedentes conocidos en el período.
Quiénes lo construyeron: el problema del orden causal
Aquí está la provocación central del yacimiento. Toda la formación arqueológica anterior daba por supuesto un orden causal bastante lógico: primero los humanos aprendieron a cultivar y a criar animales; la agricultura generó excedentes; los excedentes permitieron la especialización del trabajo; la especialización del trabajo produjo artesanos, sacerdotes y líderes; y de todo ello emergió la complejidad social suficiente para construir monumentos colectivos y mantener instituciones religiosas.
El problema es que Göbekli Tepe fue construido por cazadores-recolectores. No por agricultores. Las excavaciones no han encontrado ninguna evidencia de cultivos, graneros ni animales domésticos en el entorno inmediato del yacimiento en su período más antiguo. Los constructores del templo más antiguo que conocemos no tenían agricultura.
Klaus Schmidt, el arqueólogo que excavó el yacimiento desde 1994 hasta su muerte en 2014, formuló la inversión de manera directa: "Primero vino el templo, luego la ciudad." La teoría estándar decía que la religión surgió como consecuencia de la civilización; Göbekli Tepe sugiere que quizás fue al revés.
Esta hipótesis, que el impulso religioso y la necesidad de reunirse periódicamente en torno a un lugar sagrado pueden haber precedido y motivado el sedentarismo y la agricultura, es todavía debatida y no está universalmente aceptada. Pero el yacimiento la ha instalado en la discusión de forma que ya no puede ignorarse.
El trabajo de Klaus Schmidt
El nombre de Göbekli Tepe es inseparable del del arqueólogo alemán Klaus Schmidt. El sitio fue inspeccionado brevemente en los años sesenta por un equipo del Museo de Chicago que lo catalogó como medieval y lo descartó. Schmidt lo revisitó en 1994 con otros ojos. Reconoció en las estructuras que asomaban bajo la colina algo completamente distinto y comenzó una excavación sistemática que se prolongó durante dos décadas, hasta su muerte repentina por un ataque cardíaco en 2014, a los sesenta años.
Schmidt era un hombre de convicciones firmes y estilo claro. No dudó desde el principio en señalar las implicaciones de lo que estaba sacando a la luz, en un campo académico que tiende a la cautela. Sus afirmaciones sobre el papel de la religión como motor de la civilización generaron debate, pero también atención internacional que aseguró los recursos para continuar la excavación. Murió sin haber visto más que una fracción pequeña de lo que se esconde bajo la colina: se calcula que el yacimiento excavado hasta ahora representa solo el cinco por ciento del total.
Los pilares y sus animales
Uno de los aspectos más enigmáticos del yacimiento es la selección de animales representados en los pilares. No son los animales que una sociedad de cazadores-recolectores habría elegido si buscara representar sus presas habituales en la región: el ganado salvaje y los ciervos apenas aparecen. En cambio abundan los animales peligrosos y simbólicamente cargados: serpientes, escorpiones, buitres, zorros, jabalíes. Los investigadores interpretan esta selección como evidencia de un sistema de creencias elaborado, en el que estos animales tenían roles específicos en la mitología o la cosmología de sus constructores.
Los buitres, en particular, han llamado la atención de los investigadores. En varias tradiciones de Asia central y Oriente Próximo, los buitres están asociados con la muerte y el tránsito de las almas. Una escena tallada en uno de los pilares muestra un buitre con una cabeza humana sin cuerpo, lo que algunos arqueólogos han interpretado como una representación de prácticas funerarias de exposición del cadáver, similares a las que practicaban históricamente los zoroástricos o algunos pueblos tibetanos. Si esta lectura es correcta, los constructores de Göbekli Tepe tenían una teología de la muerte suficientemente desarrollada como para representarla en piedra.
Por qué fue enterrado
Uno de los datos más llamativos de Göbekli Tepe es que, hacia el 8000 antes de Cristo, el yacimiento fue deliberadamente enterrado. Las estructuras más antiguas fueron rellenadas con escombros y sedimentos de manera intencional, y sobre ellas se construyeron estructuras nuevas, más pequeñas y de menor calidad técnica. Este proceso se repitió varias veces, creando una estratigrafía en capas que es la que ha permitido datarlo con precisión.
Por qué se hizo esto es otra de las preguntas sin respuesta definitiva. Una interpretación ritual sugiere que el enterramiento era parte del ciclo de vida del lugar sagrado, comparable a cómo otras culturas construyen un templo nuevo sobre las ruinas del anterior. Otra interpretación habla de cambios en el sistema de creencias que hicieron obsoletos los recintos más antiguos. Cualquiera de las dos opciones implica una gestión deliberada y sofisticada del espacio sagrado que, en sí misma, testimonia la complejidad cultural de sus autores.
El principio que se invirtió
Göbekli Tepe no resuelve los grandes interrogantes de la prehistoria. No sabemos cómo se llamaba el pueblo que lo construyó, qué lengua hablaba, qué narraba en sus rituales. Pero lo que el yacimiento ha hecho, de forma irreversible, es ampliar el campo de lo posible. Ha demostrado que la capacidad humana para la organización colectiva a gran escala, para el pensamiento simbólico complejo y para la construcción monumental precede en miles de años a lo que habíamos considerado sus condiciones previas necesarias.
Eso no convierte a sus constructores en seres misteriosos ni en receptores de conocimiento externo: los convierte en seres humanos con toda la profundidad que eso implica. La civilización no es un logro tardío y frágil que surgió cuando las condiciones materiales lo permitieron. Es, quizás, algo más antiguo y más urgente: la respuesta a una necesidad de sentido que ya estaba ahí cuando éramos nómadas, y que nos llevó a reunirnos en la colina y a labrar en piedra los animales que habitaban nuestros sueños.