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Las líneas de Nazca: de pistas alienígenas a caminos de agua

Geoglifos trazados en el desierto peruano hace dos mil años, visibles desde el aire. La historia de cómo la arqueología superó el mito extraterrestre y encontró una explicación más compleja y más humana.

Crónica de Tarotgratuito.net

En la meseta desértica que se extiende entre las ciudades peruanas de Nazca e Ica hay dibujados, sobre la tierra, cientos de figuras de dimensiones enormes: un colibrí de noventa y tres metros de largo, una araña de cuarenta y seis metros, un mono con cola enroscada, líneas perfectamente rectas que se prolongan durante kilómetros sin que el terreno las interrumpa. Las líneas de Nazca son uno de los conjuntos de geoglifos más grandes del mundo, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y también uno de los yacimientos arqueológicos más tergiversados por la cultura popular. Reconstruir lo que sabemos de verdad exige separar con cuidado la arqueología de la fantasía.

Qué son y cómo se hicieron

Las líneas de Nazca fueron trazadas, según el consenso arqueológico, por la cultura Nazca, que floreció en esta región del Perú entre aproximadamente el 500 antes de Cristo y el 500 de nuestra era. Se crearon mediante un método sorprendentemente sencillo: retirando las piedras oscuras de la superficie del desierto para dejar al descubierto la arena de color claro que hay debajo. Ese contraste cromático es lo que hace visibles los diseños.

La lógica de la técnica, una vez explicada, desmonta la idea de que su ejecución exigiera tecnología avanzada o una perspectiva aérea. Los investigadores han comprobado que los geoglifos pueden trazarse con exactitud usando cuerdas, estacas y el principio básico de la geometría elemental, todo ello disponible para cualquier cultura de la época. Además, muchos de los diseños son perfectamente visibles desde las elevaciones naturales del terreno circundante, sin necesidad de sobrevolarlos.

La preservación extraordinaria de las líneas durante dos mil años no es un milagro ni una intervención sobrenatural: se explica por las condiciones climáticas del desierto de Nazca, uno de los lugares más secos de la Tierra, donde la lluvia es prácticamente inexistente y los vientos son suaves y estables. El mismo viento que barre suavemente la superficie ha mantenido el contraste nítido durante siglos.

La teoría alienígena y su descrédito

En 1968, el escritor suizo Erich von Däniken publicó "Recuerdos del futuro" (conocido en castellano como "Chariots of the Gods"), un libro de enorme difusión que sostenía que las líneas de Nazca eran pistas de aterrizaje construidas para guiar a astronautas extraterrestres. La tesis se volvió viral antes de que existiera internet, y la imagen del colibrí nazca como señal de bienvenida a visitantes del espacio penetró en la cultura popular con una tenacidad notable.

La hipótesis alienígena no solo carece de evidencia: presupone que los pueblos indígenas de América del Sur eran incapaces de crear por sí mismos obras de ingeniería simbólica, un prejuicio que dice más sobre quien la formula que sobre las líneas mismas.

La crítica académica fue unánime y demoledora. En primer lugar, las líneas no son, técnicamente, pistas de aterrizaje: están llenas de irregularidades, con cambios de nivel, y el terreno blando del desierto no podría soportar ningún vehículo de aterrizaje. En segundo lugar, las figuras zoomorfas y geométricas son perfectamente coherentes con la iconografía de la cerámica nazca, lo que prueba su autoría local. Y en tercer lugar, como señaló la investigadora Maria Reiche, quien dedicó su vida a su estudio, entender cómo se hicieron no requiere más que conocer la geometría y tener paciencia.

Maria Reiche: la guardiana de las líneas

La historia del estudio científico de las líneas de Nazca no puede contarse sin Maria Reiche. Matemática alemana nacida en Dresde en 1903, llegó al Perú en los años treinta y a partir de 1946 dedicó su vida entera, de forma voluntaria y con medios muy escasos, a medir, cartografiar y proteger los geoglifos. Dormía en la meseta, barrió con escoba la arena de los diseños para revelarlos, y durante décadas fue la única persona que impedía que los turistas y los vehículos los destruyeran. Murió en Lima en 1998 con noventa y cinco años.

Reiche sostuvo durante toda su vida que las líneas tenían un propósito astronómico: que eran un calendario que registraba los movimientos del sol, la luna y las estrellas. Esta hipótesis tuvo enorme influencia, aunque investigaciones posteriores han encontrado que la correlación entre las líneas y los astros no es tan sistemática como ella creía. Que Reiche estuviera parcialmente equivocada en la interpretación no disminuye en nada su contribución a la preservación y al conocimiento del yacimiento.

Lo que dicen los arqueólogos ahora

La explicación más respaldada por la investigación actual, en particular por los trabajos del equipo del arqueólogo Johny Isla y sus colaboradores publicados en torno a 2019, apunta hacia una función ritual vinculada al agua. Nazca es un desierto en el que el agua es el bien más escaso y el problema más urgente. Las investigaciones han mostrado que muchos de los geoglifos apuntan o conducen hacia lugares específicos donde se realizaban ofrendas: cerros, puquios (acueductos subterráneos prehispánicos) y sitios de culto relacionados con la petición de lluvia y la fertilidad de la tierra.

En este marco interpretativo, las líneas no serían tanto representaciones para ser vistas desde arriba como caminos procesionales para ser recorridos. Los participantes en las ceremonias habrían caminado por las figuras, realizando rituales que ponían en contacto al grupo con las fuerzas del mundo natural de las que dependía su supervivencia. Los grandes geoglifos zoomorfos, por su parte, podrían representar a los animales cuyas cualidades se invocaban: el colibrí, que sabe dónde está el agua; la araña, asociada en varias tradiciones andinas con la lluvia.

Esta hipótesis no está cerrada: la arqueología de Nazca sigue produciendo nuevos hallazgos. En los últimos años, gracias a la fotogrametría aérea y al aprendizaje automático, se han identificado cientos de nuevas figuras, más pequeñas, que habían pasado desapercibidas. El yacimiento, con más de dos mil años de antigüedad, sigue creciendo sobre el papel.

La pregunta que persiste

Las líneas de Nazca son un caso ejemplar de lo que ocurre cuando una maravilla arqueológica cae en manos de la especulación sin método. La respuesta más honesta a la pregunta "¿para qué las construyeron?" es todavía incompleta: probablemente eran caminos rituales relacionados con el agua y la fertilidad, trazados por una civilización que entendía el paisaje como un espacio de negociación entre los humanos y las fuerzas del mundo natural. Eso no es menos extraordinario que una pista de aterrizaje extraterrestre; es más extraordinario, porque es real.

Y la lección más duradera del caso quizá sea la de Maria Reiche: que la dedicación paciente, sin espectáculo ni sensacionalismo, es la única herramienta capaz de aproximarse a lo que los muertos quisieron decirnos.

Fuentes y para saber más

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