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Hermetismo · 5 min

Éliphas Lévi: el Baphomet no era el diablo

El seminarista que no llegó a ordenarse sintetizó cábala, tarot y hermetismo en el ocultismo occidental moderno. Su Baphomet era una alegoría filosófica, no una imagen satánica.

Crónica de Tarotgratuito.net

En 1854, Alphonse Louis Constant publicó el primer tomo de Dogma y Ritual de la Alta Magia bajo el seudónimo hebreo Éliphas Lévi Zahed, que era simplemente una transposición de sus nombres de pila al hebreo. Ese libro, y los que le siguieron, refundaron el ocultismo occidental: Lévi fue quien sintetizó por primera vez la cábala, el tarot, la astrología y el hermetismo en un sistema coherente. También fue quien dibujó el Baphomet, la imagen más malentendida de toda la tradición oculta.

El seminarista que nunca se ordenó

Alphonse Louis Constant nació en París en 1810, hijo de un zapatero. Su inteligencia precoz le abrió las puertas del Seminario de Saint-Sulpice, una de las instituciones eclesiásticas más prestigiosas de Francia. Recibió órdenes menores y avanzó en la formación sacerdotal, pero no llegó a ordenarse. Fue expulsado del seminario por profesar ideas heterodoxas y por una relación sentimental incompatible con la vida clerical. Esa formación teológica intensa nunca lo abandonó: toda su obra posterior tiene la estructura y el tono de un sistema religioso laico.

Durante los años cuarenta, Constant frecuentó los círculos del socialismo utópico y el romanticismo místico parisino. Publicó panfletos políticos que le valieron dos condenas a prisión. Atravesó dificultades económicas persistentes. No fue hasta finales de esa década que redescubrió la cábala y la tradición hermética, y eligió el nombre hebreo que lo acompañaría en la posteridad. La elección no era casual: "Éliphas" es el equivalente hebreo de "Alphonse" y "Lévi" el de "Louis".

La síntesis que cambió el esoterismo

Lo que Lévi hizo en Dogma y Ritual y en las obras que le siguieron —Historia de la Magia (1860) y La Clave de los Grandes Misterios (1861)— fue formidable en términos arquitectónicos. Tomó las veintidós letras del alfabeto hebreo cabalístico, los veintidós arcanos mayores del tarot y los senderos del Árbol de la Vida y los declaró correspondientes entre sí, construyendo un sistema de asociaciones simbólicas. Conviene señalar que esa correspondencia no tiene base histórica demostrable: no hay prueba de que el tarot tuviera un origen cabalístico o que sus arcanos fueran diseñados con ese propósito. Pero la síntesis resultó extraordinariamente fecunda como herramienta de reflexión simbólica, y hoy es inseparable de la práctica esotérica del tarot.

"Saber, osar, querer y callar: estas son las cuatro palabras del Mago." — Éliphas Lévi, Dogma y Ritual de la Alta Magia (1854)

La magia, para Lévi, no era superstición sino una ciencia del símbolo y de la voluntad. No hay evidencia científica del fluido universal que él llamaba "luz astral"; la noción pertenece a la especulación esotérica del siglo XIX, emparentada con el magnetismo animal entonces en boga. Su valor fue y sigue siendo simbólico y pedagógico, no físico.

El Baphomet que no era el diablo

La ilustración más famosa de Lévi es el Baphomet: la figura con cabeza de macho cabrío, cuerpo humano andrógino, alas de murciélago, un caduceo entre los muslos y los brazos apuntando arriba y abajo con las inscripciones "Solve" y "Coagula". La imagen es deliberadamente densa en simbolismo hermético.

Lo que conviene subrayar con claridad es que para Lévi el Baphomet no representaba al demonio ni al diablo. Era una alegoría del equilibrio entre los opuestos —luz y sombra, masculino y femenino, materia y espíritu— que él consideraba la base de toda magia verdadera. La figura sintetizaba visualmente la idea hermética de que todo principio contiene su contrario y que la armonía surge de su integración, no de su eliminación. Su fuente era el símbolo hermético, no el satanismo.

La posterior identificación de esa imagen con el culto al demonio fue obra de organizaciones muy posteriores a Lévi, en particular la Iglesia de Satán de Anton LaVey, que en 1966 adoptó una variante de la imagen como símbolo oficial. Ese préstamo no dice nada sobre la intención original de Lévi: es un caso de reapropiación simbólica que el ocultista francés no podría haber anticipado ni aprobado.

Aleister Crowley fue el heredero más célebre de Lévi. Llegó a afirmar ser su reencarnación: había nacido en 1875, el año de la muerte del ocultista francés. No existe ninguna prueba de reencarnación; lo que sí es documentable es que la influencia de Lévi sobre Crowley y, a través de ambos, sobre la Orden Hermética del Alba Dorada y toda la magia ceremonial del siglo XX, fue profunda y reconocida. Lévi murió en París en 1875 en relativa pobreza pero rodeado de discípulos. Su legado no reside en los fenómenos que prometía, sino en el lenguaje que creó: las correspondencias, los arcanos, la voluntad mágica, el equilibrio de opuestos. Son categorías que el esoterismo moderno sigue habitando.

Fuentes y para saber más

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