Aiwass habla: cómo Crowley recibió El Libro de la Ley en El Cairo
Durante tres horas repartidas en tres días de abril de 1904, Aleister Crowley escuchó una voz en un apartamento de El Cairo y transcribió lo que se convertiría en el texto fundacional de la Thelema. El manuscrito original existe. Lo que la voz dijo, también.
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El 8 de abril de 1904, a las doce del mediodía, Aleister Crowley entró a solas en el gabinete norte de un apartamento alquilado en El Cairo —el número 8 de la calle Khalig el-Masri— y escuchó una voz. La voz hablaba en inglés, se identificó como Aiwass, «ministro de Hoor-paar-kraat», y dictó durante exactamente una hora un texto que Crowley transcribió a mano. Repitió el procedimiento a la misma hora el 9 y el 10 de abril. El resultado: 65 versículos en tres capítulos que Crowley denominó Liber AL vel Legis, conocido también como El Libro de la Ley.
El manuscrito original, en la letra de Crowley, existe y fue cedido al Warburg Institute de Londres, donde puede ser consultado por investigadores acreditados.
Los antecedentes: El Cairo, marzo de 1904
Crowley y su esposa Rose Edith Kelly habían llegado a Egipto en enero de 1904 como parte de una luna de miel extendida. En las semanas previas a los dictados, Rose —que hasta entonces no había mostrado interés especial por el ocultismo— comenzó a entrar en estados alterados que describía como mensajes dirigidos a su marido. El mensaje recurrente era que Horus, el dios egipcio del horizonte y la guerra, quería contactar con Crowley.
Crowley, inicialmente escéptico, sometió a Rose a lo que él consideró una prueba de verificación: la llevó al Museo de Boulaq (hoy Museo Egipcio de El Cairo) y le pidió que identificara sin guía la representación del Horus que supuestamente le hablaba. Según el relato de Crowley —documentado en sus diarios publicados póstumamente— Rose lo condujo directamente a una sala y señaló una estela funeraria del período de la XXVI Dinastía (664–525 a.C.), conocida como la Estela de Ankh-af-na-Khonsu.
La estela tenía el número de inventario 666 en el catálogo del Museo de Boulaq. Crowley lo anotó. Sus críticos señalan que eligió ese detalle con el gusto propio de su persona pública; sus seguidores lo leen como confirmación externa. La estela existe y puede verse hoy en el Museo Egipcio del Cairo.
Los tres días de dictado
Lo que Crowley describió no fue una visión sino un acto de escritura bajo dictado auditivo. La voz llegaba desde un punto fijo del cuarto —«sobre mi hombro izquierdo y desde atrás»— con un tono que describió como grave, musical pero no cantado, parecido al de un hombre culto de mediana edad. No experimentó trance ni pérdida de consciencia: tomaba notas, hacía preguntas en voz alta, y la voz respondía o continuaba.
El Capítulo I fue dictado por la voz de Nuit, diosa del cielo nocturno. El Capítulo II, por Hadit, principio activo cósmico. El Capítulo III, por Ra-Hoor-Khuit, manifestación activa de Horus.
El versículo más citado es el 40 del Capítulo II: Do what thou wilt shall be the whole of the Law («Haz tu voluntad será toda la Ley»). Esta frase —que sus detractores leyeron como licencia para la amoralidad y sus defensores como declaración de autodeterminación espiritual— se convirtió en el principio central de la Thelema, la tradición esotérica que Crowley desarrolló durante el resto de su vida.
El rechazo inicial del propio Crowley
Un hecho menos conocido es que Crowley no abrazó inmediatamente el texto que acababa de transcribir. En sus diarios del período 1904–1909 aparecen referencias que muestran desconfianza e incluso irritación ante el material. El Libro de la Ley contradecía algunas de sus convicciones del momento, en particular el contenido del Capítulo III, que él encontraba moralmente perturbador. Según su propio relato posterior, lo guardó sin releerlo durante años.
Fue alrededor de 1909, durante sus experimentos de magia enoquiana con el asistente Victor Neuburg en el desierto de Argelia, cuando Crowley comenzó a releer el texto y a considerarlo el eje de su sistema. En 1909 publicó la primera edición impresa dentro de su revista The Equinox.
El debate sobre Aiwass
¿Quién o qué era Aiwass? El propio Crowley ofreció respuestas distintas en distintos momentos de su vida. En algunos escritos lo describió como una entidad objetiva, «un ser distinto de mi ego consciente». En otros contempló la posibilidad de que fuera una manifestación de su Yo Superior o Santo Ángel Guardián, concepto tomado del sistema del Abramelin descrito en el texto medieval El Libro de la Sagrada Magia de Abra-Melin el Mago. En pasajes más tardíos reconoció que podría tratarse de una proyección del inconsciente.
El estudioso Marco Pasi, en su monografía académica Aleister Crowley and the Temptation of Politics (Acumen, 2014), señala que la multiplicidad de estas interpretaciones fue probablemente deliberada: Crowley no quería resolver la cuestión, porque la apertura a distintos marcos explicativos formaba parte de su filosofía epistemológica.
Lo que la filología encuentra en el manuscrito
El manuscrito muestra, bajo examen directo, características notables. Hay correcciones en el texto, lo que indica que Crowley revisaba mientras escribía. Existe además una línea —el versículo III:47— que él mismo dejó en blanco, anotando «ilegible para mí» y describiendo en sus diarios que en ese momento la voz pronunció algo que no pudo transcribir. La línea nunca fue completada.
El estudioso Keith Richmond analizó el manuscrito y su relación con las tradiciones cabalísticas y herméticas de la Hermetic Order of the Golden Dawn, en la que Crowley había sido iniciado. Richmond encontró un sistema coherente de referencias numerológicas y mitológicas que apuntan a una mente entrenada en esa tradición. Si eso confirma o descarta el origen sobrenatural del texto depende, naturalmente, del marco interpretativo con el que se lea.
El impacto posterior
El Libro de la Ley es hoy el texto central de la Ordo Templi Orientis (O.T.O.) y de la Thelema como sistema. Su influencia se rastrea en la contracultura de los años 60 —desde Jimmy Page a Kenneth Anger— y en el pensamiento de figuras como Jack Parsons, el ingeniero aeroespacial cofundador del Jet Propulsion Laboratory que murió en 1952 tras años de práctica ritual thelémica.
Lo que ocurrió en ese apartamento de El Cairo en abril de 1904 —sea cual sea la explicación que cada uno prefiera— generó un texto que lleva más de un siglo siendo estudiado, practicado y rechazado. Eso, por sí solo, lo convierte en un objeto histórico de primera magnitud dentro de la historia del esoterismo occidental.