Si hay una ciudad que respira béisbol, es San Pedro de Macorís. De aquí han salido tantos peloteros a Grandes Ligas que en cada esquina hay alguien que jugó, entrenó o sueña con firmar. En esta sala eso sale enseguida: se discute de temporada, de prospectos y de las noches en el estadio Tetelo Vargas cuando juegan las Estrellas Orientales.
Pero Macorís es más que pelota. Están las guloyas bailando en las fiestas patronales, la herencia cocola que trajeron los cortadores de caña de las islas inglesas, el Malecón y la desembocadura del río Higuamo. Aquí conversan estudiantes de la UCE, gente del centro y macorisanos regados por ahí que no olvidan su ciudad. Es una sala para hablar claro, echar chistes y sentirte en casa entre paisanos del este que comparten esa mezcla de azúcar, música y bola caliente.