«Quisqueya la bella» se vive en la sala con la misma efusividad que en la calle: merengue y bachata sonando de fondo en cualquier conversación, béisbol como pasión casi religiosa, y esa hospitalidad dominicana que hace que cualquier recién llegado se sienta parte del grupo en minutos.
Santo Domingo y Santiago de los Caballeros aportan sus propios acentos, y hay mucha presencia de dominicanos en Nueva York, España e Italia que mantienen viva la conexión con la isla desde la distancia.