Puerto Plata es la novia del Atlántico y aquí se nota el orgullo costero. En la sala se habla del teleférico subiendo a la Loma Isabel de Torres, del Malecón lleno de familias al atardecer y de las casitas victorianas del centro pintadas de colores. Puerto Plata vive del mar y del turismo, así que las conversaciones van del trabajo en los hoteles a una escapada a Sosúa o a las olas de kitesurf de Cabarete.
Están los que coleccionan historias del ámbar y el larimar, los que se saben cada rincón de la Fortaleza San Felipe y los que sencillamente disfrutan un fin de semana en Playa Dorada. Entra gente de la ciudad, de Montellano y de los pueblos de la costa norte, además de puertoplateños que emigraron y quieren oler la brisa de casa. Sala relajada para conocer paisanos, coordinar planes de playa o simplemente vacilar entre amigos.