Río de Janeiro atrae a hispanohablantes de todo el continente: estudiantes de intercambio, profesionales, artistas y turistas que se quedan más tiempo del planeado. Esta sala es el punto de encuentro para mexicanos, argentinos, colombianos y venezolanos que viven la ciudad entre Copacabana, Ipanema y el ir y venir constante entre la playa y el trabajo, con el Cristo Redentor y el Pan de Azúcar siempre de fondo.
Portuñol, samba y el ritmo carioca
El «portuñol» es casi un idioma propio de la sala: hispanohablantes intentando portugués, entendiendo la mitad y riéndose de la otra mitad. La calidez carioca, el jeitinho brasileño y ese ritmo de vida más relajado que en otras metrópolis latinoamericanas se comparan seguido con la vida en el país de origen. También hay espacio para la nostalgia: quien lleva tiempo en Río extraña su comida, su acento, su gente, y encuentra en la sala un rincón donde hablar en su propio idioma sin traducir nada.