Higüey vive marcada por la Basílica de Nuestra Señora de la Altagracia, ese templo de concreto que se ve desde lejos y al que llegan peregrinos de todo el país, sobre todo cada 21 de enero. En esta sala eso sale mucho: la devoción, las promesas cumplidas y el movimiento del centro cuando la ciudad se llena de visitantes.
Pero Higüey también es la puerta a Punta Cana y Bávaro, así que aquí conversan quienes viven en la ciudad y quienes bajan a diario a trabajar a los hoteles de la costa. Se habla de la vida en el este, del calor, de las motoconchos por la avenida y de esos platos que saben a casa. Entran altagracianos del centro y de los campos, más los que emigraron y siguen encomendándose a la Virgen. Buen sitio para reconectar con paisanos, hacer amistades y sentir cerca la fe y el bullicio de la ciudad.