Camagüey es distinta a todas las ciudades cubanas por sus calles: un laberinto de callejuelas torcidas que, según cuentan, se hicieron así para confundir a los piratas. Quien es de aquí sabe orientarse en ese enredo y le tiene cariño a los tinajones, esas enormes vasijas de barro que son el símbolo de la ciudad.
En la sala se junta gente del centro histórico, de la Plaza del Carmen y del Casino Campestre, ese parque grande donde media ciudad ha pasado tardes. Se habla del ballet, que aquí tiene tradición fuerte, del teatro, de la vida tranquila de una ciudad que se toma las cosas con calma. Los camagüeyanos tienen fama de tranquilos y conversadores. Entra gente de la ciudad y de la provincia, más los que se fueron y buscan hablar con paisanos. Charla pausada, agradable, de gente de tierra adentro.