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Hermetismo · 5 min

Los pergaminos de Nag Hammadi y el conocimiento gnóstico

En 1945 un campesino egipcio encontró 13 códices con textos gnósticos del siglo II. Su viaje hasta los académicos incluyó una guerra familiar, el mercado negro y el Instituto Jung. Lo que revelan sobre lo que la Iglesia suprimió.

Crónica de Tarotgratuito.net

En diciembre de 1945, un campesino egipcio llamado Muhammad Ali al-Samman estaba cavando en busca de abono en las faldas del macizo de Jabal al-Tarif, cerca de la aldea de Nag Hammadi, en el Alto Egipto. Su azada tropezó con algo duro. Al apartar la tierra encontró una vasija de barro roja, sellada con asfalto, de algo más de medio metro de altura. Según su propio testimonio, dudó antes de abrirla: temía que contuviera un genio maligno. Acabó rompiéndola, y dentro no había ningún genio sino papiro: trece libros encuadernados en cuero que nadie había leído en más de mil quinientos años.

Los códices perdidos

Lo que Muhammad Ali encontró ese día fue la mayor biblioteca gnóstica conocida: trece códices de cuero que contenían cincuenta y dos textos copiados en copto, el idioma tardío del Egipto cristiano, en el siglo IV de nuestra era, aunque los originales griegos sobre los que se basaban eran en muchos casos del siglo II. Los textos incluían evangelios no canónicos como el Evangelio de Tomás, el Evangelio de Felipe o el Evangelio de la Verdad, escritos de teología gnóstica como el Apócrifo de Juan, y textos filosóficos de influencia platónica y hermética.

El gnosticismo es una corriente religiosa y filosófica que floreció en los primeros siglos del cristianismo y que sostenía que la salvación llegaba a través del gnosis, el conocimiento directo y personal de lo divino, en oposición a la fe mediada por la Iglesia y sus sacramentos. Para los gnósticos, el dios creador del mundo material, al que llamaban demiurgo, era una figura inferior o incluso maligna, y el mundo visible era una prisión de la que el alma debía escapar. La Iglesia mayoritaria los condenó como herejes a partir del siglo II, y sus textos fueron destruidos o enterrados.

El largo camino hasta las universidades

La historia de cómo los códices llegaron a manos de los académicos es, en sí misma, un relato de intriga que rivaliza con el contenido de los textos. Muhammad Ali y sus hermanos no entendían el valor de lo que habían encontrado, y en los días siguientes usaron parte del papiro como combustible para el horno de pan. El resto pasó por las manos de varios intermediarios locales antes de que un maestro de escuela de la zona lo ofreciera en el mercado de antigüedades de El Cairo.

Una parte de los manuscritos fue confiscada por las autoridades egipcias. Otra parte salió de contrabando de Egipto en 1952 y llegó al mercado de antigüedades de Bélgica, desde donde fue adquirida por el Instituto Jung de Zúrich en 1953. Los analistas jungianos que financiaron la compra pensaron que el texto dialogaba con la teoría del inconsciente colectivo y los arquetipos. El código fue bautizado como Codex Jung en honor al psicólogo recientemente fallecido, y fue devuelto finalmente al Museo Copto de El Cairo en 1975, donde hoy se conserva junto al resto de la colección.

"No busques la verdad donde no está; búscala en ti mismo, pues tú eres el templo del Padre vivo." — Evangelio de Tomás, logion 3, según la versión de Nag Hammadi.

Lo que los textos revelan

El contenido de los códices desafió la narrativa oficial sobre los orígenes del cristianismo. Los textos mostraban un panorama mucho más plural y conflictivo del que las fuentes canónicas permitían ver: múltiples corrientes teológicas en competencia, imágenes de Jesús profundamente distintas entre sí, y un papel de las mujeres en las comunidades primitivas que la tradición posterior había silenciado. El Evangelio de Tomás, que recoge ciento catorce dichos atribuidos a Jesús sin narración de milagros ni de pasión, es quizá el texto más estudiado y más debatido de toda la colección.

Los historiadores del cristianismo primitivo han dedicado décadas a analizar estos textos. El consenso académico es que iluminan una diversidad que la consolidación del canon bíblico en el siglo IV ocultó, pero que no subvierten los datos fundamentales de la historia cristiana. Los textos gnósticos no son anteriores a los canónicos; en su mayoría son contemporáneos o posteriores. Su valor no es el de revelar un cristianismo "auténtico" enterrado, sino el de mostrar la riqueza y la competencia de ideas que existieron antes de que una versión ganara.

El conocimiento que se enterró a sí mismo

La pregunta que los códices de Nag Hammadi no responden es la que más importa: ¿quién los enterró y por qué? La hipótesis más aceptada es que los monjes del monasterio de San Pacomio, en las cercanías, los ocultaron alrededor del año 367 para protegerlos de la purga ordenada por el obispo Atanasio de Alejandría, quien ese año envió una carta pastoral exigiendo la destrucción de los textos heréticos. Los registros dicen que alguien tomó la decisión de no quemarlos sino de enterrarlos. Los practicantes sostienen que esa decisión fue un acto de fe en que algún día alguien volvería a leerlos. Muhammad Ali tardó mil quinientos años en llegar, y la vasija aguantó.

Fuentes y para saber más

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