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Figuras · 7 min

Juana de Arco: las voces, el juicio y las hipótesis neurológicas

Desde los 13 años Juana de Arco escuchó voces que le ordenaron salvar Francia. Sus propias palabras en el juicio de Rouen son la fuente más precisa. La neurología moderna ofrece hipótesis; los historiadores señalan algo más inquietante: la coherencia estratégica de sus decisiones.

Crónica de Tarotgratuito.net

Juana de Arco nació hacia 1412 en Domrémy, una aldea en la frontera del reino de Francia y del ducado de Bar. A los trece años, mientras estaba en el jardín de su casa, empezó a escuchar una voz acompañada de una gran luz. Con el tiempo identificó esa voz como la de san Miguel arcángel, y luego las de santa Catalina de Alejandría y santa Margarita de Antioquía. Esas voces le dijeron que liberara a Francia del dominio inglés y borgonón y llevara al delfín Carlos al trono. En 1429, una muchacha analfabeta de diecisiete años atravesó el reino en guerra, convenció al futuro rey de que era la enviada de Dios, fue puesta al frente de un ejército y levantó el sitio de Orleans. En 1431 fue quemada en Rouen, a los diecinueve años, por un tribunal eclesiástico que la declaró hereje. Veinticinco años después, un segundo tribunal la rehabilitó. En 1920, la Iglesia católica la canonizó.

Las transcripciones del juicio: ella en sus propias palabras

El juicio de Rouen de 1431 fue un proceso inquisitorial presidido por el obispo Pierre Cauchon, aliado de los ingleses. Pero produjo algo involuntariamente valioso: una transcripción latina muy detallada de las sesiones, conservada en varios manuscritos y accesible hoy a través de la Biblioteca Nacional de Francia. En esas transcripciones Juana habla directamente, respondiendo a las preguntas de los jueces sobre la naturaleza de sus voces.

Sus respuestas son notables por su precisión. Dice que escucha las voces al menos tres veces al día, más frecuentemente cuando hay campanas, que vienen acompañadas de luz, que tienen olor agradable, que la tocan físicamente: "Cuando he tenido necesidad de ella me ha dado consejos; pero no os diré todo lo que me ha dicho". Distingue entre las voces de los tres santos, describe sus rostros y sus vestiduras. Cuando los jueces intentan hacerla contradecirse, sus respuestas son consistentes durante semanas de interrogatorio.

"Yo he oído a mis Voces, y ellas me han dicho que pida consejo a Nuestro Señor." — Respuesta de Juana de Arco en la sesión del 22 de febrero de 1431, Proceso de Rouen.

Las hipótesis neurológicas modernas

Desde el siglo XIX, médicos e historiadores han especulado sobre la naturaleza de las visiones de Juana. La lista de diagnósticos retrospectivos propuestos es larga: epilepsia del lóbulo temporal, esquizofrenia, trastorno bipolar con características psicóticas, síndrome de Tourette, alucinaciones inducidas por el hongo del centeno (ergotismo), neuroborreliosis por tuberculosis bovina.

El artículo más citado en los últimos años es el de Rabia Jalloul, Lahoud et al. publicado en Epilepsy & Behavior (2009), y el de MacKay y Bhavsar en Neurocase (2011), que proponen la epilepsia del lóbulo temporal como explicación. Los síntomas que coinciden con ese cuadro son: auras con luz y olor, voces reconocibles y repetidas, experiencias de presencia corporal (el contacto físico de las voces), inicio en la adolescencia, carácter hiperreligioso, estado de consciencia preservado durante los episodios.

Los diagnósticos retrospectivos tienen limitaciones intrínsecas que cualquier historiador de la medicina señalaría. No disponemos de datos clínicos directos, solo de testimonios que fueron recogidos con otros fines. La descripción de los síntomas está filtrada por la tradición religiosa de la época, que tenía sus propias categorías para describir las experiencias místicas. Lo que en el siglo XXI llamaríamos "aura con olor agradable y presencia lumínica" pudo ser descrito en 1431 exactamente como lo describió Juana: una santa con perfume y luz.

La coherencia estratégica: el problema para las hipótesis psicopatológicas

Aquí es donde la historia se complica de manera fascinante. Si las voces de Juana eran síntoma de una enfermedad psiquiátrica grave, ¿cómo explicar la coherencia, la persistencia y la eficacia táctica de sus decisiones militares y políticas durante dos años?

Los historiadores militares que han estudiado la campaña de 1429 señalan que Juana tomó decisiones estratégicas que contravienen el consejo de los veteranos de guerra y que, sin embargo, resultaron acertadas. La decisión de atacar primero el bastión de Les Tourelles en Orleans en lugar de los demás fuertes ingleses era poco ortodoxa; la urgencia con que aceleró la marcha del ejército del delfín hacia Reims para la coronación, siendo consciente de que su ventana política era estrecha, fue políticamente brillante. En el interrogatorio de Poitiers de 1429, antes de que se le confiara el mando, respondió a las preguntas de los teólogos con tanta destreza que la comisión la avaló.

Eso no descarta las hipótesis neurológicas. La epilepsia del lóbulo temporal y otras condiciones son perfectamente compatibles con una inteligencia superior y con una capacidad de liderazgo excepcional. Algunos estudiosos sugieren incluso que el carisma de Juana podría estar parcialmente explicado por los rasgos de personalidad asociados a ese síndrome. Pero la imagen de una alucinada incapaz de razonamiento ordenado no sobrevive al contacto con las transcripciones de Rouen, donde demostró durante semanas una notable capacidad para manejar una situación hostil.

Donde la visión mística y la política se entrelazan

Juana de Arco es uno de los pocos casos históricos en que la experiencia de las voces y la acción política eficaz resultan inseparables. Sus voces le dieron una certeza y una autoridad que ningún líder político ordinario podía invocar. Eso fue su mayor ventaja y, a la larga, su mayor vulnerabilidad: cuando las voces le dijeron que atacara París y la campaña fracasó, su crédito comenzó a erosionarse. Cuando fue capturada y su rey no pagó el rescate, el silencio de las voces ante su destino fue más elocuente que cualquier argumento teológico.

La pregunta sobre si escuchaba realmente mensajes de Dios, o sufría una condición neurológica, o ambas cosas a la vez, es irresoluble con las herramientas de las que disponemos. Lo que sí puede decirse con certeza es que la coherencia de su testimonio a lo largo de semanas de presión judicial, su negativa a retractarse de algo en lo que creía con toda su vida, y el uso que hizo de esas voces para moverse en un mundo que no ofrecía a las mujeres ningún otro camino hacia el poder, conforman una figura que no se reduce a ninguna categoría simple.

Fuentes y para saber más

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