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Espiritismo · 5 min

Margery Crandon: la médium de Harvard que dividió al mundo espiritista

Mina Stinson Crandon, conocida como Margery, fue la médium más famosa de los años veinte en Estados Unidos. Houdini la desmanteló y Conan Doyle la defendió. Un caso sobre la paradoja de la fe ante la evidencia.

Crónica de Tarotgratuito.net

En la primavera de 1924, la Society for Psychical Research y el comité de investigación de la revista Scientific American convocaron a los mejores escépticos e investigadores del mundo para examinar a una médium que Boston llamaba simplemente Margery. Su nombre real era Mina Stinson Crandon, esposa de un distinguido cirujano de Harvard, el doctor Le Roi Goddard Crandon. Era hermosa, simpática y cultivada. Y, según miles de testigos, capaz de hacer aparecer manos de ectoplasma en la oscuridad.

La médium de Harvard

Mina Stinson había nacido en 1888 en Ontario, Canadá. Tras casarse con el doctor Crandon en 1918, comenzó a participar en sesiones de espiritismo doméstico, entonces muy de moda en la sociedad bostoniana. Hacia 1923 empezó a manifestar lo que sus seguidores consideraban poderes mediúmnicos extraordinarios: mesas que se levitaban, luces que parpadeaban, voces de difuntos y, sobre todo, la presencia de su hermano Walter, muerto en un accidente de tren años atrás, que supuestamente hablaba a través de ella con tono jovial y a veces obsceno.

El doctor Crandon organizó sesiones en su elegante casa de Lime Street, en el barrio de Beacon Hill, a las que invitó a científicos, periodistas y personalidades. Sir Arthur Conan Doyle, el creador de Sherlock Holmes y ferviente creyente en el espiritismo, la visitó y declaró que Margery era la médium más notable que había conocido. Su aval fue decisivo para su fama internacional. La Scientific American ofreció dos mil quinientos dólares a cualquier médium que demostrara fenómenos sobrenaturales genuinos ante su comité. Margery se presentó al desafío.

Houdini contra Margery

El comité incluía, a insistencia de varios miembros, al mago y escapista Harry Houdini, enemigo declarado del espiritismo y experto en detectar trucos. Las sesiones de verano de 1924 fueron una batalla abierta. Houdini llegó convencido del fraude; los demás miembros del comité llegaron sin prejuicios, y varios de ellos terminaron inicialmente impresionados.

"Ella es la más hábil de todas las médiums que he investigado. No hay duda de que es una artista consumada del engaño." — Harry Houdini, tras las sesiones de 1924.

Houdini identificó que Margery liberaba una mano del control de quienes la sujetaban para mover objetos en la oscuridad. Luego descubrió que lo que sus seguidores llamaban "ectoplasma" —la sustancia nebulosa que supuestamente emanaba de su cuerpo— era, en varias ocasiones, cuerda de tripa de violín de color carne. En otra demostración, la "mano de ectoplasma" que certificaban sus seguidores resultó ser un molde anatómico de madera y cuero. Los hallazgos de Houdini fueron publicados en un folleto que circuló ampliamente.

El comité de la Scientific American no concedió el premio. Pero tampoco hubo unanimidad: uno de los miembros, el psicólogo William McDougall de Harvard, y el investigador Hereward Carrington mantuvieron su convicción de haber presenciado fenómenos reales. La Society for Psychical Research publicó un extenso informe en 1925 en el que concluía que el caso era inconcluso y que varios fenómenos permanecían sin explicación satisfactoria. Conan Doyle nunca aceptó la desmitificación y atribuyó las evidencias de fraude a una maniobra deshonesta de Houdini.

La paradoja de la fe ante la evidencia

El caso Margery, más que cualquier otro del período, revela la estructura psicológica del espiritismo como fenómeno social. Sus defensores vieron los trucos descubiertos no como refutación, sino como prueba de que los investigadores hostiles interferían con las "energías" necesarias para los fenómenos. Cuando el fraude era demostrado, la respuesta era que los espíritus a veces utilizaban los materiales disponibles —cuerda, madera— para manifestarse, y eso no invalidaba las sesiones auténticas.

Esa inmunidad a la refutación es lo que los filósofos de la ciencia llaman una hipótesis no falsable. No puede probarse que es falsa porque cualquier evidencia contraria se reinterpreta dentro del sistema de creencias. Margery lo ilustra con especial claridad porque el fraude fue demostrado de forma pública y reiterada, y sin embargo el movimiento espiritista en torno a ella no se desintegró.

Mina Stinson Crandon murió en 1941, enferma de alcoholismo, después de una última fase de su vida poco documentada. Su marido había muerto en 1939. Los investigadores que la habían defendido habían fallecido o se habían distanciado. Al final, su caso quedó como un episodio instructivo sobre la dificultad de separar el deseo de creer de la observación honesta, y sobre por qué la ciencia exige exactamente ese esfuerzo. El hermano Walter, que hablaba en la oscuridad, calló para siempre.

Fuentes y para saber más