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Lugares sagrados · 5 min

Glastonbury: la Isla de Avalon, el rey Arturo y el fraude de 1191

El Tor de Glastonbury domina los pantanos de Somerset desde 158 metros de altura. En 1191, los monjes de la abadía anunciaron haber hallado la tumba del rey Arturo. La comunidad académica lo considera un fraude diseñado para recaudar fondos tras un incendio.

Crónica de Tarotgratuito.net

Hay pocos lugares en Europa donde la leyenda haya colonizado tan completamente el paisaje como en Glastonbury, en el condado inglés de Somerset. El Tor — una colina cónica de 158 metros que domina los Somerset Levels — es hoy una de las imágenes más reconocibles de la espiritualidad alternativa británica. La historia de cómo llegó a serlo incluye pantanos medievales, un incendio, y uno de los fraudes arqueológicos más documentados de la Edad Media.

Una isla en el pantano

Para entender Glastonbury hay que imaginar el paisaje de la Edad Media, antes del drenaje sistemático de los Somerset Levels en el siglo XVII. Los bajos que rodean la colina eran entonces un pantano inundable, un mosaico de agua, juncos y tierra que en los meses húmedos podía convertir el Tor en una isla rodeada de agua por todos lados. Esa geografía explica por qué el lugar fue considerado sagrado mucho antes del cristianismo: la colina emergente del agua, visible desde kilómetros a la redonda, tenía el aspecto de un mundo aparte.

La Abadía de Glastonbury fue uno de los centros religiosos más ricos e influyentes de la Inglaterra medieval. Los documentos atestiguan su existencia desde el siglo VII, y la tradición — en este caso sin base histórica comprobable — la hace remontar a tiempos apostólicos. En la cima del Tor se alza hoy la torre de la iglesia de San Miguel, único resto de una iglesia destruida por un terremoto en 1275 y reconstruida en el siglo XIV.

El fraude de 1191

El dato central, y el más históricamente comprometido, llegó en el año 1191. Los monjes de la Abadía de Glastonbury anunciaron que, excavando en su propio cementerio, habían descubierto la tumba de Arturo y Ginebra. Según las crónicas que recogen el hallazgo — entre ellas las del monje Geraldo de Gales, que afirma haber visto el descubrimiento — encontraron un ataúd de madera de roble a gran profundidad, con los restos de un hombre de gran estatura y los de una mujer con mechones de pelo dorado, además de una cruz de plomo con la inscripción: Hic iacet sepultus inclitus rex Arturius in insula Avalonia cum uxoria sua secunda Wenneveria ("Aquí yace sepultado el ilustre rey Arturo en la isla de Avalon con su segunda esposa Ginebra").

La comunidad académica actual considera unánimemente que el "hallazgo" de la tumba artúrica de 1191 fue un fraude deliberado: la abadía ardió en 1184 y necesitaba financiación para su reconstrucción.

La cronología es reveladora. En 1184, un incendio devastó la abadía y destruyó buena parte de sus edificios. Los monjes necesitaban con urgencia fondos para la reconstrucción, y la competencia con otras abadías por el favor real y los ingresos de los peregrinos era intensa. El "descubrimiento" de la tumba artúrica siete años después — con todo el poder de atracción que la leyenda de Arturo tenía sobre la imaginación medieval — resolvía elegantemente el problema. Los peregrinos comenzaron a llegar, el dinero también.

Los medievalistas actuales señalan además inconsistencias en la inscripción de la cruz: la forma de las letras y la formulación latina no corresponden al estilo del siglo VI, cuando Arturo habría vivido según la leyenda, sino a convenciones del siglo XII. La cruz desapareció en el siglo XVII y no puede examinarse hoy. No hay prueba arqueológica independiente que apoye la autenticidad del hallazgo, y el consenso académico lo clasifica como una fabricación.

José de Arimatea, el Grial y la acumulación legendaria

La leyenda de Glastonbury no se agota en Arturo. Según una tradición que aparece en las crónicas del siglo XIII — y no antes —, José de Arimatea, el hombre que según los Evangelios proporcionó el sepulcro a Jesucristo, habría llegado a Glastonbury portando el cáliz de la Última Cena, el Santo Grial, y lo habría enterrado en algún punto del lugar. La fuente del Cáliz, un manantial de agua ferruginosa de color rojo oscuro que brota al pie del Tor, habría recibido su color de la sangre de Cristo contenida en el Grial.

El dato que conviene subrayar es la fecha de aparición de estas leyendas: siglo XIII, no siglo I. No hay ningún documento que vincule José de Arimatea con las islas británicas antes de esa época. Las leyendas gralianas y artúricas se desarrollaron precisamente en el periodo en que Glastonbury necesitaba reforzar su prestigio espiritual y su atractivo para los peregrinos. La cadena de intereses es transparente.

Glastonbury es, en definitiva, un lugar donde la historia y la leyenda llevan ocho siglos construyéndose mutuamente. El Tor existe, y es imponente. La abadía existió, y fue grande. El incendio, el fraude, los peregrinos y el dinero: todo eso existió también. Lo que no puede rastrearse más allá del deseo medieval de encontrarlo es Arturo en Avalon. Distinguir una capa de la otra no empobrece el paisaje; simplemente lo devuelve a su verdadera complejidad.

Fuentes y para saber más

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