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Fraudes · 5 min

Las hermanas Fox y el fraude que fundó el espiritismo

En 1848, Kate y Margaret Fox afirmaron comunicarse con los muertos mediante golpes misteriosos. Cuarenta años después, una de ellas confesó el truco ante el mundo.

Crónica de Tarotgratuito.net

En la primavera de 1848, en una modesta casa de madera en Hydesville, Nueva York, dos niñas cambiaron para siempre la historia del esoterismo occidental. Kate Fox, de doce años, y su hermana Margaret, de quince, afirmaron haber establecido contacto con el espíritu de un vendedor ambulante asesinado y enterrado en el sótano de la vivienda. La prueba: una serie de golpes misteriosos, los llamados "raps", que respondían a sus preguntas con un código simple. Lo que desencadenaron, queriendo o sin querer, fue un movimiento global que durante décadas llenó salones, academias y titulares de prensa.

El espiritismo que nació de dos niñas

La noticia de los golpes de Hydesville se difundió con una velocidad que hoy asombraría incluso a las redes sociales. Las hermanas Fox, respaldadas por su hermana mayor Leah, empezaron a celebrar sesiones públicas en Rochester y luego en Nueva York, ante audiencias que incluían periodistas, políticos e intelectuales. La premisa era sencilla: los muertos podían comunicarse con los vivos, y ellas eran el canal. El espiritismo resultante no fue un culto marginal: en pocos años reunió en Estados Unidos y Gran Bretaña a millones de seguidores. Médiums de toda condición adoptaron el modelo, añadieron ectoplasma, mesas levitantes y escritura automática. La Society for Psychical Research, fundada en Londres en 1882 y que aún existe, nació en parte para investigar estos fenómenos con rigor científico.

Durante décadas, las hermanas Fox actuaron ante el público, fueron examinadas por comisiones de investigadores y sostuvieron su capacidad de comunicarse con el más allá. Su fama sobrevivió a múltiples escándalos menores y a las crecientes dudas de los escépticos. Parecía que el espiritismo moderno tenía sus figuras fundadoras aseguradas.

La confesión de 1888

El 21 de octubre de 1888, Margaret Fox subió al escenario del Academy of Music de Nueva York ante un público numeroso. Allí, ante los periodistas y el asombro de la sala, demostró el mecanismo que había sostenido cuarenta años de espiritismo: chasqueaba con destreza las articulaciones de los dedos de los pies, produciendo los golpes que el público interpretaba como mensajes del más allá. La técnica era más difícil de lo que parecía, requería práctica, pero era perfectamente reproducible. Margaret afirmó en el New York World que ella y Kate habían comenzado el engaño siendo niñas, en parte por travesura y en parte para asustar a su madre.

"Toda esta historia de los espíritus con los que decíamos comunicarnos era una mentira de principio a fin. Nada era verdad."

El impacto fue considerable, aunque no fulminante. Al año siguiente, Margaret retiró la confesión. Alegó que la habían presionado económicamente sus adversarios del movimiento espiritista y que sus palabras habían sido malinterpretadas. Murió en 1893, sin haber resuelto la contradicción pública entre ambas declaraciones. Kate falleció ese mismo año, sin confesar ni desmentir.

El espiritismo que sobrevivió a su propia crisis

Lo más revelador del episodio no es la confesión en sí, sino lo que ocurrió después. El espiritismo no desapareció. Sus defensores descartaron la retractación de Margaret argumentando coacción o fragilidad mental; otros señalaron que ella y Kate nunca habían sido los únicos médiums y que el movimiento no dependía de dos niñas de Hydesville. La Society for Psychical Research continuó sus investigaciones, y el espiritismo siguió siendo una corriente cultural activa durante el siglo XX, con figuras tan improbables como Arthur Conan Doyle entre sus más ardientes defensores.

La historia de las hermanas Fox plantea una pregunta que va más allá del fraude concreto: ¿por qué una confesión explícita, acompañada de demostración, no basta para extinguir una creencia? La respuesta tiene que ver con lo que el espiritismo ofrecía a sus seguidores: no solo el contacto con los muertos, sino la promesa de que la muerte no es el final, de que el afecto sobrevive a la desaparición del cuerpo. Frente a ese deseo profundo, un truco con los nudillos resulta poco argumento.

Las hermanas Fox siguen siendo un caso de estudio obligado en la historia de los fraudes espirituales, no porque fueran las más hábiles ni las más crueles, sino porque, con sus golpes en una casa de madera del estado de Nueva York, pusieron en marcha algo que excedió con mucho sus intenciones originales. A veces la historia la hacen los engaños que llegan en el momento justo.

Fuentes y para saber más

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