Uri Geller: el caso más estudiado del siglo XX
Desde 1969, Uri Geller afirma doblar cucharas con la mente. Fue estudiado en Stanford, cuestionado en Nature y perseguido por James Randi. Nunca pasó una prueba de doble ciego.
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Uri Geller nació en Tel Aviv en 1946 y desde finales de los años sesenta afirma poseer poderes psíquicos: doblar cucharas y otros objetos metálicos con la mente, detener relojes a distancia, reproducir dibujos sin verlos y mover la aguja de una brújula sin tocarla. Ninguno de estos fenómenos, examinados durante más de cinco décadas por físicos, psicólogos e investigadores escépticos, ha podido verificarse bajo condiciones que excluyan la ilusión o el truco. Su caso sigue siendo el más intensamente estudiado de la parapsicología del siglo XX.
El Stanford Research Institute y la revista Nature
En 1972 y 1973, Geller fue sometido a una serie de experimentos en el Stanford Research Institute (SRI) de California, realizados por los físicos Russell Targ y Hal Puthoff. Los resultados, publicados en la prestigiosa revista Nature en 1974, fueron inusualmente favorables: los investigadores afirmaron que Geller había demostrado "una notable capacidad de percepción extrasensorial" en pruebas de reproducción de dibujos. El artículo desencadenó una tormenta en la comunidad científica.
Las críticas llegaron rápido. El editor de Nature acompañó el artículo con una nota editorial sin precedentes, expresando sus reservas sobre la solidez metodológica. Investigadores posteriores señalaron fallos concretos: los experimentos no habían sido diseñados para excluir la posibilidad de que Geller escuchara conversaciones o recibiera pistas inadvertidas durante las pruebas. En 1982, el psicólogo David Marks reexaminó los protocolos del SRI y concluyó que las condiciones habían permitido filtración de información sensorial ordinaria. Targ y Puthoff nunca aceptaron esa crítica, pero tampoco lograron replicar los resultados en condiciones más estrictas.
"Lo que Geller hace en un escenario puede reproducirlo cualquier mago de nivel medio. La diferencia es que él dice que es real."
James Randi y la réplica del truco
James Randi, ilusionista y escéptico profesional, publicó en 1975 el libro El mago de Uri, una descripción sistemática de cómo podría reproducirse cada uno de los fenómenos atribuidos a Geller mediante técnicas de magia convencional. La dobladura de cucharas, en particular, es un truco conocido en el ambiente de la magia de cerca: con el ángulo adecuado, cierta habilidad manual y el momento justo de distracción del público, puede realizarse de manera que resulte imposible de detectar para un observador no entrenado.
Geller demandó a Randi repetidamente, con éxito variable en diferentes jurisdicciones. Los juicios no dilucidaron la cuestión científica de fondo, pero ilustraron la estrategia de Geller frente a sus críticos: el litigio legal en lugar del experimento controlado. Lo que Geller nunca hizo, y que sus críticos señalan como el dato más significativo, es someterse voluntariamente a una prueba diseñada por investigadores escépticos independientes, con protocolo de doble ciego y sin posibilidad de veto sobre las condiciones.
La carrera posterior
Más allá del debate parapsicológico, la trayectoria de Geller es reveladora. Desde los años noventa actuó como asesor de empresas mineras y petroleras que pagaron millones por sus servicios de "prospección psíquica": la localización de yacimientos mediante percepción extrasensorial. No existe ningún estudio independiente que documente resultados superiores al azar en esas consultorías. Geller nunca permitió que sus predicciones fueran evaluadas de forma sistemática antes de la exploración, y sus clientes firmaron cláusulas de confidencialidad.
En el plano cultural, Geller fue un fenómeno de los años setenta que desencadenó réplicas en todo el mundo: una generación de niños doblaba cucharas frente al televisor intentando imitar lo que veía. Ese contagio masivo de la ilusión dice algo importante sobre la psicología de la percepción: cuando esperamos ver algo extraordinario y la situación emocional es la adecuada, nuestro cerebro coopera activamente en el engaño, propio o ajeno.
El caso Uri Geller no cerró ningún debate definitivo, pero sí dejó un criterio de referencia: el estándar del doble ciego, el diseño experimental que impide que tanto el sujeto como el evaluador sepan qué se está midiendo, es el mínimo exigible para cualquier afirmación de poderes que desafíen el conocimiento físico establecido. Ese estándar, formulado en gran parte a partir de casos como el de Geller, es hoy el terreno sobre el que se dirimen estas discusiones. Que nadie lo haya superado todavía es, también, un dato.