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Parapsicología · 5 min

Konstantīns Raudive y los 100.000 EVP

El parapsicólogo letón Raudive grabó durante años ruido de radio y afirmó detectar en él las voces de los muertos. Su método, el EVP, sigue generando debate entre escépticos y creyentes.

Crónica de Tarotgratuito.net

En 1971, la editorial Regnery publicó en inglés una obra titulada Breakthrough: An Amazing Experiment in Electronic Communication with the Dead, escrita por Konstantīns Raudive, un psicólogo letón nacido en 1909. El libro describía el método que Raudive llevaba años perfeccionando: grabar el ruido de una radio sintonizada entre emisoras, reproducirlo a alta ganancia y detectar en ese murmullo los patrones que, según él, eran voces de personas fallecidas. Afirmaba haber reunido más de cien mil ejemplos. La obra se convirtió en un fenómeno editorial en Europa y lanzó el término EVP —Electronic Voice Phenomena— al vocabulario de la investigación paranormal.

Un método que prometía lo imposible

El precedente de Raudive era el sacerdote sueco Friedrich Jürgenson, quien en 1959 afirmó haber escuchado, al reproducir una grabación de campo, una voz que le hablaba directamente. Jürgenson publicó sus hallazgos en 1964 y Raudive, al leerlos, comenzó a replicar el experimento. Su método se fue refinando: usaba radios con la señal atenuada, receptores de cristal y, en algunos experimentos, micrófonos en entornos silenciosos. En todos los casos, el material base era ruido —acústico o electromagnético— sobre el que después buscaba patrones audibles.

El proceso de detección era el punto central del debate. Raudive escuchaba las grabaciones repetidamente, a menudo a velocidad reducida y con auriculares, y anotaba las palabras que creía percibir. Muchos de sus "mensajes" eran breves —dos o tres palabras— y mezclaban lenguas distintas, lo que él interpretaba como evidencia de su autenticidad sobrenatural. Los críticos señalaron desde el principio la objeción más difícil de rebatir: el cerebro humano está diseñado para encontrar patrones en el ruido, en especial patrones de voz.

"Cuando escuchas la misma grabación veinte veces esperando una voz, la encuentras. Eso es lo que hace el cerebro, no lo que hace el muerto." — Richard Wiseman, psicólogo de la Universidad de Hertfordshire, en entrevista de 2005.

El experimento controlado

En 1971, el mismo año de la publicación de Breakthrough, la editorial Regnery invitó a varios ingenieros de sonido de la empresa Pye Records a supervisar una sesión de grabación con Raudive. Los técnicos blindaron electrónicamente el entorno para eliminar cualquier señal externa. La sesión produjo 27 minutos de material en el que Raudive identificó 200 voces. Los ingenieros de Pye escucharon las cintas y las transcripciones de Raudive y concluyeron que no podían confirmar lo que él afirmaba percibir. El experimento no falsificó el fenómeno —era imposible probar la ausencia de algo que solo el investigador podía detectar— pero ilustró el problema central.

La parapsicología moderna distingue entre los EVP tipo A, audibles sin entrenamiento previo y que son raros, y los tipos B y C, que requieren sugestión para ser percibidos. Las investigaciones de décadas posteriores, incluidas las del Comité Escéptico Europeo, han documentado consistentemente que el porcentaje de acuerdo entre oyentes independientes sobre qué dicen los supuestos EVP es bajo, y que ese acuerdo aumenta significativamente cuando se facilita la transcripción previamente, un efecto clásico de anclaje cognitivo.

La psicología del sonido y el duelo

Raudive murió en 1974 en Bad Krozingen, Alemania. Su legado es un caso de estudio en la intersección entre percepción, deseo y duelo. Los ingenieros de sonido explican los EVP como pareidolia auditiva: la tendencia del cerebro a organizar ruido aleatorio en patrones reconocibles, preferiblemente voces, que es el estímulo para el que el sistema auditivo humano está más finamente calibrado. La neurociencia ofrece explicaciones claras del mecanismo.

Lo que la neurociencia no invalida es la experiencia subjetiva de quienes escuchan, o creen escuchar, a un ser querido fallecido en una grabación. Ese momento —la voz que parece reconocerse, la sensación de contacto— es psicológicamente poderoso con independencia de su origen físico. Que un fenómeno se explique por la mecánica del cerebro no lo hace menos real para quien lo vive. El caso Raudive no dice nada sobre la vida después de la muerte; dice mucho sobre la naturaleza del duelo y sobre los límites de la distinción entre escuchar y querer escuchar.

Fuentes y para saber más

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