La Ciudad de México es una capital que no se puede resumir fácil: veintitantos millones de personas, un metro que se llena hasta reventar y barrios que parecen ciudades aparte. En el chat de CDMX se junta gente de la Roma, la Condesa, Coyoacán, Iztapalapa o Polanco, y cada quien trae su versión de lo que es «ser chilango».
Tacos, «wey» y el tráfico de todos los días
El habla chilanga tiene su música propia: «no manches», «wey», «órale», «qué padre», «neta». Se usan sin pensar y quien llega de fuera los va agarrando rápido. La comida es tema obligado —tacos al pastor, tamales de madrugada, pozole los sábados, chilaquiles para la cruda— y el tráfico, ese enemigo compartido, siempre saca conversación. También hay quien extraña la ciudad desde Estados Unidos o España, y usa la sala para no perder el acento ni las costumbres, aunque haya pasado años fuera.