La Ciudad de México es una capital que no se puede resumir fácil: veintitantos millones de personas, un metro que se llena hasta reventar y barrios que parecen ciudades aparte. En el chat de CDMX se junta gente de la Roma, la Condesa, Coyoacán, Iztapalapa o Polanco, y cada quien trae su versión de lo que es «ser chilango».
Tacos, «wey» y el tráfico de todos los días
El habla chilanga tiene su música propia: «no manches», «wey», «órale», «qué padre», «neta». Se usan sin pensar y quien llega de fuera los va agarrando rápido. La comida es tema obligado, con los tacos al pastor, los tamales de madrugada, el pozole de los sábados y los chilaquiles para la cruda, y el tráfico, ese enemigo compartido, siempre saca conversación.
CDMX y el Estado de México
Buena parte de la sala no vive dentro de la ciudad sino en Neza, Ecatepec, Naucalpan o Tlalnepantla, y hace dos o tres horas de traslado al día. Es una de las conversaciones más repetidas y la que mejor explica cómo funciona la capital de verdad.
De qué más se platica
De renta y de cuánto ha subido en la Roma y la Condesa. De conciertos y de la oferta cultural, que es enorme. De los temblores, que aquí no son anécdota sino memoria compartida, sobre todo cada 19 de septiembre. Y de fútbol, con América, Pumas y Cruz Azul repartiendo la sala.
Los chilangos de fuera
Hay mucho chilango en Estados Unidos y en España, y usan la sala para no perder el acento ni las costumbres aunque lleven años fuera. Los de España entran a horas en las que la ciudad duerme.
Salas cercanas
México, Guadalajara, Monterrey, Puebla y Tijuana.