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Historia oculta · 7 min

Salem, 1692: cuando el miedo condenó a inocentes

Veinte personas ejecutadas, más de doscientas encarceladas, un solo juez que pidió perdón públicamente. Los documentos del juicio de Salem han sobrevivido completos y revelan algo más perturbador que la leyenda.

Crónica de Tarotgratuito.net

Entre febrero de 1692 y mayo de 1693, el pueblo de Salem, Massachusetts, ejecutó a veinte personas acusadas de brujería. Ninguna fue quemada en la hoguera —ese es el error más extendido sobre el caso—: diecinueve fueron ahorcadas y una aplastada con piedras. Los documentos del juicio han sobrevivido completos y revelan algo más perturbador que la leyenda: un mecanismo judicial que hacía imposible la inocencia.

La chispa: las niñas de Parris

Todo comenzó en enero de 1692 en la casa del reverendo Samuel Parris. Su hija Betty, de nueve años, y su sobrina Abigail Williams, de once, comenzaron a tener convulsiones, gritar sin motivo aparente, adoptar posturas extrañas y decir que algo invisible las pellizcaba. El médico William Griggs examinó a las niñas y emitió su diagnóstico: "El mal ojo". Betty y Abigail acusaron primero a Tituba, la esclava caribeña de la familia Parris. Luego a Sarah Good, una mendiga, y Sarah Osborne, una mujer de mala reputación local. Las tres primeras acusadas encajan en el perfil que los historiadores identifican como el de víctimas socialmente vulnerables: sin recursos para defenderse, con pocos apoyos en la comunidad.

La prueba espectral: irrefutable por diseño

Lo que convirtió el juicio de Salem en una máquina de acusaciones fue la admisión de la "prueba espectral": el testimonio de que el espectro —el doble astral— del acusado había visitado al testigo en sueños o visiones para atormentarlo. Era, por definición, irrefutable: el acusado podía estar físicamente en otro lugar y ser condenado igualmente.

"El diablo no puede tomar la forma de un inocente." — Premisa teológica que sustentó la prueba espectral en los tribunales de Salem, 1692

El gobernador William Phips estableció el Tribunal de Oyer and Terminer en mayo de 1692. Los jueces aceptaron la prueba espectral. En pocos meses, las acusaciones se extendieron a más de doscientas personas de Salem y pueblos vecinos. Quienes confesaban —admitiendo ser brujos al servicio del diablo— no eran ejecutados. Quienes se declaraban inocentes y se negaban a confesar podían ser ahorcados. El sistema premiaba la mentira y castigaba la verdad.

El mecanismo social del pánico

Los historiadores han analizado extensamente quiénes acusaban a quiénes. Paul Boyer y Stephen Nissenbaum, en su estudio Salem Possessed (1974), identificaron un patrón geográfico y económico claro: la mayoría de los acusadores vivían en la parte occidental, más rural y económicamente estancada, de Salem Village; la mayoría de los acusados, en la parte oriental, más próspera y conectada con el comercio portuario de Salem Town. Otras líneas de análisis señalan tensiones religiosas —los Parris representaban una rama puritana estricta con enemigos locales conocidos—, disputas por tierras y herencias, y el estrés colectivo de una comunidad que había sufrido guerras con tribus nativas, epidemias de viruela y crisis políticas en los años inmediatamente anteriores.

El fin del pánico y el arrepentimiento

El tribunal comenzó a perder apoyo cuando las acusaciones empezaron a alcanzar a personas de alto estatus, incluida la esposa del propio gobernador Phips. En octubre de 1692, Phips disolvió el Tribunal de Oyer and Terminer. En enero de 1693, el nuevo tribunal absolvió a los acusados restantes y Phips ordenó la liberación de quienes estaban en prisión. Algunos habían muerto de enfermedad durante el encierro. En 1697, el juez Samuel Sewall leyó públicamente en la iglesia de Boston una declaración de culpa y remordimiento por su participación en los juicios. Fue el único de los magistrados que lo hizo. Tituba, la primera acusada, sobrevivió porque confesó —los que confesaban no eran ejecutados— y fue vendida como esclava para pagar las costas de su encarcelamiento. Massachusetts declaró inocentes oficialmente a los condenados en 1957. La última acusada en ser rehabilitada, Elizabeth Johnson Jr., lo fue en 2022 —treinta años después de la inauguración del memorial de Salem— gracias a la campaña de un grupo de estudiantes de instituto que descubrió que su nombre había quedado fuera por error en todas las resoluciones anteriores. Los documentos originales del juicio se conservan en el Essex County Registry of Deeds y en el Peabody Essex Museum, de libre acceso. Leerlos es encontrar el miedo sin intermediarios.

Fuentes y para saber más