Saltar al contenido
Tarotgratuito.net
Figuras · 5 min

Pamela Colman Smith: diseñó el tarot del siglo y murió en la pobreza

Pamela 'Pixie' Smith ilustró el Rider-Waite en pocos meses de 1909. Su nombre no apareció en la portada durante cien años. Murió sin reconocimiento ni dinero.

Crónica de Tarotgratuito.net

Pamela Colman Smith diseñó el tarot más influyente del mundo en el otoño de 1909. Trabajó rápido, sin contrato formal, por un pago modesto y sin que su nombre apareciera en la portada de la baraja. Murió en 1951, en Cornualles, dejando deudas. Sus pertenencias fueron subastadas para saldar lo que debía. Tendría que pasar un siglo exacto para que la primera edición conmemorativa de la US Games Systems pusiera su nombre, por fin, en la caja. La historia de Pamela "Pixie" Smith es la historia del reconocimiento tardío más célebre del mundo esotérico.

Una artista en la Golden Dawn

Pamela Colman Smith nació en 1878. Su origen es difícil de acotar con precisión: nació en Londres, de madre jamaicana y padre norteamericano, creció parcialmente en Jamaica y en Brooklyn, y pasó buena parte de su vida adulta en Inglaterra. Esa identidad múltiple y fronteriza aparece en su obra: ilustró libros infantiles jamaicanos, fue colaboradora y amiga de William Butler Yeats, cuyas obras teatrales también ilustró, y publicó su propia revista de arte, The Green Sheaf.

En 1901 fue iniciada en la Orden Hermética del Alba Dorada, la sociedad esotérica londinense donde también militaban Yeats, Arthur Edward Waite y Aleister Crowley. Fue allí donde su camino se cruzó con Waite, el estudioso del misticismo que tenía en mente crear una baraja de tarot que corrigiera lo que consideraba errores de las barajas existentes.

La decisión que cambió el tarot

En 1909, Waite encargó a Pamela las ilustraciones. Lo que se sabe de las instrucciones que recibió es fragmentario: Waite le proporcionó indicaciones más o menos detalladas para los 22 arcanos mayores y directrices mínimas para los menores. Pamela completó las 78 cartas en pocos meses.

La decisión que la hace singular no estaba en las instrucciones de Waite. Las barajas de tarot tradicionales representaban los arcanos menores como los naipes convencionales: cinco de espadas eran cinco espadas dibujadas sobre un fondo decorativo. Pamela dibujó, en cambio, escenas narrativas completas: una figura humana portando cinco espadas, con un cielo tormentoso y figuras derrotadas al fondo. Lo hizo para los 56 arcanos menores, invirtiendo la convención de siglos.

"No hace falta saber nada de ocultismo ni de cartomancia: basta mirar la imagen." — principio implícito del sistema que Pamela Colman Smith hizo posible.

Esa decisión cambió para siempre la manera en que se usa el tarot. Las escenas narrativas permiten la lectura intuitiva por asociación de imágenes, sin necesidad de memorizar sistemas simbólicos complejos. El Rider-Waite, cuyo nombre correcto debería incluir a Smith como reconocen los estudiosos actuales, se convirtió en la baraja de referencia del siglo XX y en el modelo del que derivan la gran mayoría de las barajas modernas.

El nombre que no estaba en la portada

La editorial Rider and Company publicó la baraja en diciembre de 1909. La portada nombraba a A. E. Waite. Pamela no aparecía. Tampoco consta que protestara públicamente, o al menos no hay registro de ello. Las razones son materia de especulación: las normas de atribución de la época, la diferencia de posición entre los dos —Waite era el académico reconocido, Pamela la ilustradora—, o simplemente la costumbre de invisibilizar a las mujeres en la autoría de obras colectivas.

En los años siguientes, Pamela se alejó del mundo esotérico, se convirtió al catolicismo y vivió en Cornualles con su amiga Nance Johnstone, lejos de Londres y de la Golden Dawn. Murió en 1951 sin que su nombre hubiera vuelto a asociarse públicamente con el tarot que dibujó. La baraja, entretanto, vendía millones de copias.

En 2009, cien años exactos después de la publicación original, la editorial US Games Systems lanzó una edición conmemorativa con el nombre de Pamela Colman Smith en la caja. Fue un gesto simbólico importante, aunque la ironía del reconocimiento póstumo no la beneficiara a ella. Sus acuarelas para The Green Sheaf y sus ilustraciones de teatro y folklore jamaicano muestran a una artista con voz propia, no reducible a su obra más famosa.

La historia de Pamela Colman Smith incomoda porque es demasiado común. La mujer que hace el trabajo, el hombre cuyo nombre queda en la portada, el reconocimiento que llega tarde y en abstracto: es un patrón que la historia del esoterismo comparte con la historia del arte y de la ciencia. Lo que la distingue es la escala de la invisibilidad: pocas obras del siglo XX han sido tan utilizadas como el Rider-Waite, y pocas autoras tan sistemáticamente omitidas durante tanto tiempo.

Fuentes y para saber más

Más crónicas de Figuras