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Parapsicología · 5 min

J.B. Rhine y el laboratorio de Duke: la ciencia del sexto sentido

Joseph Banks Rhine pasó décadas en la Universidad Duke tratando de demostrar la existencia de la percepción extrasensorial con tarjetas y estadística. Su legado sigue siendo polémico.

Crónica de Tarotgratuito.net

En 1930, Joseph Banks Rhine y su esposa Louisa llegaron a la Universidad de Duke en Durham, Carolina del Norte, con un propósito poco ortodoxo para una institución académica: demostrar científicamente la existencia de la percepción extrasensorial. Rhine había dejado la biología por la parapsicología tras asistir a una sesión de espiritismo que lo decepcionó pero lo dejó convencido de que el fenómeno merecía investigación rigurosa. Durante treinta y cinco años, el laboratorio de parapsicología de Duke se convirtió en el proyecto más sistemático y más controvertido de la historia de esa disciplina.

Las tarjetas Zener y el protocolo

El instrumento central de la investigación era un mazo de veinticinco tarjetas diseñadas por el psicólogo Karl Zener, colaborador de Rhine. Cada mazo contenía cinco ejemplares de cinco símbolos distintos: círculo, cruz, ondas, cuadrado y estrella. El experimento básico era sencillo: el experimentador tomaba una tarjeta sin mostrarla al sujeto, y este debía adivinar el símbolo. La probabilidad de acertar por azar era del 20%. Si un sujeto superaba consistentemente ese umbral con un margen estadísticamente significativo, Rhine lo consideraba evidencia de ESP, percepción extrasensorial.

El caso más llamativo fue el de Hubert Pearce, un estudiante de teología que durante varios meses acertó en proporciones que Rhine calculó como astronómicamente improbables si se asumía el azar como única causa. Las estadísticas del experimento Pearce-Pratt, publicadas en detalle en 1934 en el libro Extra-Sensory Perception, fueron el núcleo de la reclamación de Rhine. El libro fue un éxito de ventas extraordinario y colocó a Rhine en la portada de publicaciones populares.

"Si la posibilidad de azar queda eliminada, y la posibilidad de engaño también, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad." — J.B. Rhine, Extra-Sensory Perception, 1934.

Las críticas metodológicas

La recepción científica fue inmediata y contundente. El psicólogo Chester Kellogg señaló en 1937 los problemas estadísticos del análisis de Rhine. Otros investigadores documentaron cómo los sujetos podían obtener pistas inadvertidas: marcas en el reverso de las tarjetas, reflejos en las gafas del experimentador, el orden de colocación del mazo, e incluso pequeñas variaciones en el tono de voz cuando el experimentador veía el símbolo. En experimentos donde estas posibilidades se bloquearon de manera más estricta, los resultados sobresalientes tendían a desaparecer.

El caso más dañino para la credibilidad del laboratorio fue el del investigador Walter Levy, que Rhine había nombrado su sucesor. En 1974, colaboradores del propio Levy lo descubrieron manipulando equipos informatizados para inflar los resultados de los experimentos. Rhine, que tenía entonces setenta y seis años, lo expulsó y publicó personalmente la retractación. El episodio ilustró la vulnerabilidad de un campo donde los resultados positivos son difíciles de verificar independientemente y donde el sesgo hacia la confirmación opera en todos los niveles.

El legado ambivalente

Rhine murió en 1980. El laboratorio de parapsicología de Duke se transformó en la Fundación para la Investigación de la Naturaleza del Hombre, que hoy sigue operativa como Instituto Rhine. Su legado técnico es innegable: Rhine estableció los estándares metodológicos que la parapsicología moderna todavía usa, incluyendo el protocolo de doble ciego, el análisis estadístico sistemático y la necesidad de replicación independiente. Fundó en 1937 el Journal of Parapsychology, que sigue publicándose.

Lo que Rhine no logró, y lo que los cincuenta años de investigación posterior no han resuelto, es una demostración de ESP que se sostenga ante la revisión metodológica más estricta. Los metaanálisis más recientes de experimentos de tipo Ganzfeld —el sucesor moderno del protocolo de tarjetas Zener— muestran efectos pequeños pero estadísticamente significativos según algunos analistas, y artefactos metodológicos según otros. El debate entre Jessica Utts y Ray Hyman sobre los datos del Proyecto STARGATE en 1995 es, en esencia, el mismo debate que comenzó Rhine en Duke en 1930: mismos números, misma incertidumbre, misma pregunta sin responder.

Fuentes y para saber más

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