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Arqueología · 5 min

Los moáis de la Isla de Pascua: cómo se movían realmente

Novecientas estatuas de hasta 21 metros talladas en roca volcánica, y durante décadas nadie supo cómo las trasladaban. En 2011, Terry Hunt y Carl Lipo lo demostraron con cuerdas.

Crónica de Tarotgratuito.net

La Isla de Pascua —Rapa Nui en la lengua de sus habitantes— es uno de los lugares más remotos del planeta: 3.500 kilómetros de océano Pacífico la separan de la costa chilena. En ese aislamiento extremo, los rapa nui tallaron y distribuyeron alrededor de 900 estatuas de piedra volcánica, los moáis, algunas de hasta 21 metros de altura y 80 toneladas de peso. Durante décadas, la pregunta sobre cómo las movían se convirtió en el argumento central de las teorías más extravagantes. La respuesta resultó ser mucho más elegante.

El experimento de Hunt y Lipo

En 2011, los arqueólogos Terry Hunt, de la Universidad de Hawái, y Carl Lipo, de la Universidad Estatal de California, publicaron los resultados de un experimento que llevaban años preparando. Su hipótesis, inspirada en las tradiciones orales de los propios rapa nui, era que los moáis se "caminaban" verticales, como uno camina un refrigerador pesado: con cuerdas atadas a la parte superior de la estatua y grupos de personas en ambos lados que tiraban de forma alternada, haciendo bascular la figura de un lado a otro mientras avanzaba lentamente hacia adelante sobre su base redondeada.

Con una réplica de cinco toneladas, dieciocho voluntarios y cuerdas, demostraron que era posible mover un moái vertical a una velocidad de unos cien metros por hora. Proyectado a la escala de las distancias reales —algunas estatuas viajaron hasta 18 kilómetros desde la cantera del volcán Rano Raraku—, el transporte era laborioso pero completamente factible sin ingeniería especial. Las leyendas rapa nui hablan siempre de que los moáis "caminaron" por sí solos, una descripción que encaja perfectamente con lo que se vería al observar ese movimiento de balanceo.

"Los moáis caminaron. Eso dice la tradición oral. Ahora entendemos en qué sentido era literalmente cierto."

El experimento no es la respuesta definitiva —la arqueología raramente lo es— pero es la hipótesis más parsimoniosa y la mejor respaldada por la evidencia disponible. Los caminos de la isla muestran irregularidades laterales consistentes con ese movimiento oscilante, y los moáis encontrados caídos a lo largo de los caminos antiguos parecen haber sido abandonados durante el transporte, no durante la talla.

El colapso que no fue un suicidio ecológico

Durante décadas, la Isla de Pascua se usó como parábola del colapso ecológico autoinducido: un pueblo que taló todos sus árboles para mover estatuas y terminó destruyéndose a sí mismo. Jared Diamond popularizó esta lectura en su libro Colapso (2005). Es una narrativa poderosa, pero los propios Hunt y Lipo, tras años de excavaciones en la isla, la cuestionaron con fuerza.

Sus estudios de sedimentos y de carbono 14 sugieren que la deforestación fue un proceso gradual y que la población rapa nui se adaptó creativamente a ella, sin un colapso demográfico previo a la llegada europea. El colapso real llegó de fuera: las expediciones esclavistas peruanas de los años 1860 se llevaron a varios centenares de personas, entre ellos prácticamente toda la élite letrada que conservaba la escritura rongorongo. Las enfermedades europeas —viruela, tuberculosis— diezmaron a la población desde el siglo XVII en adelante. Cuando los primeros europeos llegaron en 1722, la isla tenía quizá entre dos y tres mil habitantes; en 1877 quedaban apenas 111.

Es un matiz que cambia radicalmente el relato moral: los rapa nui no se destruyeron a sí mismos levantando estatuas. Fueron destruidos por la esclavitud y las epidemias traídas desde fuera, como tantas otras culturas del Pacífico y de las Américas.

Lo que los rapa nui dicen

Los descendientes de los constructores llevan décadas pidiendo que se escuche su tradición oral y que se les devuelva el control sobre el patrimonio de la isla. Algunos moáis fueron trasladados a museos europeos en el siglo XIX, y la comunidad rapa nui reclama formalmente su repatriación al British Museum y a otros centros.

Hay algo revelador en el hecho de que durante tanto tiempo el debate sobre los moáis se desarrollara casi sin escuchar a quienes son sus herederos directos. Los rapa nui siempre supieron que sus ancestros habían "caminado" las estatuas. La arqueología tardó décadas en llegar a la misma conclusión. Quizá la pregunta que sigue abierta no sea cómo se movían los moáis, sino por qué nos costó tanto escuchar a quienes ya tenían la respuesta.

Fuentes y para saber más

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