Helena Blavatsky: la fundadora que cambió el mundo espiritual
Viajera solitaria por India, Tíbet y Egipto en el siglo XIX, Blavatsky fundó la Sociedad Teosófica en 1875 y sintetizó Oriente y Occidente en una obra que influyó en Gandhi, Yeats y el movimiento de la Nueva Era.
Crónica de Tarotgratuito.net
Helena Petrovna Blavatsky nació en 1831 en Ekaterinoslav —la actual Dnipro, en Ucrania— en una familia de la nobleza rusa. A los diecisiete años se casó con el general Nikifor Blavatsky, del que huyó a las pocas semanas llevándose solo el apellido que la haría famosa. Lo que vino después fue una vida que desafía la verificación: según su propio relato, recorrió en solitario Egipto, la India, el Tíbet, América del Sur y los Balcanes en décadas en que viajar así siendo mujer y sola era casi inconcebible. Los historiadores han podido confirmar algunos trayectos; otros permanecen en el territorio de la autobiografía no corroborada.
La fundadora: Nueva York, 1875
Lo que sí está documentado con precisión es el momento fundacional. En septiembre de 1875, en un apartamento del Upper East Side de Manhattan, Blavatsky, el coronel Henry Steel Olcott y el abogado William Quan Judge fundaron la Sociedad Teosófica. El acta de la sesión inaugural existe. Los tres objetivos declarados eran: formar un núcleo de fraternidad universal sin distinción de raza, credo o género; estudiar comparativamente las religiones del mundo; e investigar las leyes desconocidas de la naturaleza y los poderes latentes del ser humano.
En 1879, la sede se trasladó a la India, primero a Bombay y luego a Adyar, cerca de Madrás, donde permanece hasta hoy. Allí la Teosofía se enraizó en el contexto del renacimiento cultural indio y contribuyó, desde un ángulo insólito, a que las tradiciones espirituales de Asia se tomaran en serio en Occidente en plena era colonial.
Los grandes libros y la investigación del SPR
Blavatsky volcó su doctrina en dos obras monumentales. Isis sin velo (1877), escrito con asombrosa velocidad en Nueva York, es una crítica de la ciencia y la teología occidental desde la perspectiva de una "ciencia oculta" más antigua. La Doctrina Secreta (1888), su obra cumbre, es una síntesis de hinduismo, budismo y hermetismo articulada en torno a una cosmología de ciclos cósmicos y razas-raíz que afirmaba derivar de las "Estancias de Dzyan", un texto antiquísimo supuestamente revelado por sus Maestros Mahatmas. Los académicos no han localizado ese texto fuera de los propios escritos de Blavatsky.
"No hay religión más elevada que la verdad." — lema de la Sociedad Teosófica, tomado de la casa real de Benarés.
En 1885, la Society for Psychical Research de Londres publicó el informe Hodgson, resultado de una investigación de varios meses en Adyar. El investigador Richard Hodgson concluyó que los fenómenos físicos atribuidos a Blavatsky —cartas de los Mahatmas que aparecían en armarios sellados, objetos que se movían— eran trucos realizados con el concurso de empleados y mediante mecanismos ocultos en el mobiliario. El informe fue demoledor para su reputación pública. Décadas más tarde, en 1986, la investigadora Sylvia Crandon cuestionó el rigor de Hodgson y sugirió que sus conclusiones podían estar sesgadas; la controversia no está del todo cerrada, pero tampoco existe evidencia verificable de poderes sobrenaturales por parte de Blavatsky.
La influencia que nadie esperaba
Lo notable de Blavatsky es la distancia entre los ataques que recibió en vida y la extensión de su influencia póstuma. Mohandas Gandhi, entonces estudiante de derecho en Londres, leyó en 1889 la Bhagavad Gita por primera vez en una traducción elaborada por miembros de la Sociedad Teosófica, y en sus memorias reconoció que su encuentro con Blavatsky y Olcott lo animó a interesarse por las tradiciones de su propia cultura. W. B. Yeats, que pasó años en la Sociedad Teosófica de Dublín antes de alejarse de ella, reconoció explícitamente la deuda que su pensamiento místico tenía con la obra teosófica. Wassily Kandinsky y Piet Mondrian estudiaron a Blavatsky y encontraron en la Teosofía una justificación espiritual para la abstracción en la pintura.
El impacto más duradero y difuso fue el que se canalizó hacia el movimiento de la Nueva Era. La idea de que las religiones del mundo comparten una sabiduría perenne, la creencia en el karma y la reencarnación como conceptos accesibles a occidentales sin fe religiosa convencional, la noción de maestros espirituales evolutivamente avanzados: todo eso entró en la cultura popular del siglo XX a través de Blavatsky, aunque las fuentes casi nunca se citen.
Murió en Londres en 1891, con sesenta años, entre libros y papeles, rodeada de discípulas. La Sociedad Teosófica que fundó sobrevive actualmente con ramas en más de cincuenta países. Su figura sigue siendo incómoda: demasiado fraudulenta para los creyentes estrictos, demasiado influyente para ser descartada por los historiadores. Quizás esa incomodidad sea, en sí misma, la marca de una mente que no encajaba en ningún lugar establecido y que, precisamente por eso, terminó creando el suyo.