Blavatsky, los Mahatmas y el escándalo que no la borró
Helena Petrovna Blavatsky (1831-1891) construyó el edificio teosófico más influyente del siglo XIX, afirmó recibir enseñanzas de Maestros ocultos del Tíbet, y sobrevivió a la acusación de fraude más demoledora que recibió un esotérico en el siglo XIX.
Crónica de Tarotgratuito.net
Helena Petrovna Blavatsky (1831-1891) es, por el alcance de su influencia y la profundidad de las controversias que levantó, la figura más decisiva en la historia del esoterismo occidental moderno. Sus dos obras principales —Isis sin velo (1877) e La Doctrina Secreta (1888)— trazaron el mapa cosmológico que recorre, transformado, prácticamente todo el movimiento esotérico y espiritual del siglo XX. Y sin embargo, su reputación fue destruida en vida por una acusación de fraude que nunca pudo rebatir del todo.
Los Mahatmas y la Doctrina Secreta
El edificio teórico de Blavatsky descansa sobre una afirmación central y no verificable: la existencia de una Hermandad de Maestros o Mahatmas, adeptos espirituales de rango elevado que habrían preservado a lo largo de milenios una sabiduría universal anterior a todas las religiones conocidas. Blavatsky afirmaba haber recibido instrucción directa de estos Maestros, en especial de dos a quienes identificaba como Koot Hoomi y el Maestro Morya, durante viajes al Tíbet que no han podido documentarse de forma independiente.
La Doctrina Secreta, su obra mayor, desarrolla una cosmología de gran escala: ciclos cósmicos de manifestación y retiro, planos de existencia superpuestos, razas-raíz que se suceden en la historia de la humanidad, y una evolución espiritual que discurre en paralelo a la evolución biológica. El texto afirma transmitir las "Estancias de Dzyan", un documento antiquísimo que ningún estudioso fuera de la tradición teosófica ha podido verificar y que la mayoría de los investigadores considera una composición propia de Blavatsky. Conviene subrayarlo: la extraordinaria influencia de esta cosmología es un hecho histórico; su origen divino o ancestral, una afirmación no demostrable.
La Sociedad Teosófica, fundada en Nueva York en 1875 con el coronel Henry Steel Olcott y el abogado William Quan Judge, declaraba tres objetivos: formar una fraternidad universal sin distinción de raza o credo, fomentar el estudio comparado de las religiones, e investigar las leyes inexplicadas de la naturaleza y los poderes latentes del ser humano. La combinación de universalismo ético, erudición comparativa y apertura a lo paranormal resultó enormemente atractiva para una época en que la fe religiosa tradicional y el positivismo científico parecían haber agotado sus respuestas.
El escándalo SPR y la acusación de fraude
En 1884, mientras Blavatsky se encontraba en Europa, Emma y Alexis Coulomb, colaboradores del cuartel general teosófico en Adyar (India), revelaron a un misionero cristiano una serie de cartas atribuidas a Blavatsky que sugerían que los célebres fenómenos ocurridos en el "santuario" —en particular la recepción de cartas de los Mahatmas que aparecían y desaparecían en un gabinete especial— eran el resultado de dispositivos físicos y engaño deliberado.
"Madame Blavatsky ha actuado en una larga carrera de impostora deliberada." — Richard Hodgson, informe para la Society for Psychical Research, 1885.
La Society for Psychical Research de Londres envió al investigador Richard Hodgson a examinar el caso. Su informe de 1885 fue devastador: Hodgson concluyó que el gabinete tenía puertas secretas, que las cartas de los Mahatmas eran escritas por la propia Blavatsky y que los fenómenos paranormales documentados eran producto de trucos. El informe hundió su reputación durante décadas. La cuestión, sin embargo, no quedó cerrada: en 1986, la investigadora Vernon Harrison publicó un exhaustivo reanálisis en el propio Journal of the Society for Psychical Research, señalando graves defectos metodológicos en el trabajo de Hodgson. Harrison concluyó que Blavatsky no había recibido un proceso justo. Esto no prueba la autenticidad de los Mahatmas, pero obliga a presentar el veredicto histórico con mayor matiz del que se suele emplear.
El ADN del esoterismo moderno
Blavatsky murió en Londres en 1891, sin haber recuperado completamente su reputación pública. Lo que dejó tras de sí es difícil de exagerar. La estructura cosmológica de la Teosofía —karma, reencarnación, planos de existencia, evolución espiritual— está en el sustrato de prácticamente todo el esoterismo del siglo XX: la New Age, la Wicca, la antroposofía de Rudolf Steiner, la Golden Dawn en su vertiente más doctrinaria, la astrología moderna en su uso del karma.
Artistas de la talla de Kandinsky, Mondrian, Scriabin y W.B. Yeats se nutrieron directa o indirectamente de las ideas teosóficas. El concepto de "espiritualidad sin religión" que caracteriza a buena parte de la cultura occidental contemporánea tiene en Blavatsky uno de sus inventores involuntarios. Quizá la pregunta más honesta no sea si los Mahatmas existían, sino por qué la idea de que podrían existir resultó tan irresistible, y qué dice eso del hambre espiritual de un siglo que había perdido sus certezas tradicionales.