Hélène Smith, la médium que habló con Marte
La médium ginebrina Hélène Smith asombró a Europa con sus sesiones marcianas. El psicólogo Théodore Flournoy la estudió durante años y encontró algo más inquietante que el fraude.
Crónica de Tarotgratuito.net
En el invierno de 1895, una dependienta de comercio de Ginebra llamada Catherine-Élise Müller entró en trance ante una sala de espiritistas y comenzó a hablar en un idioma que nadie en la sala reconocía. Lo que siguió en los años posteriores convirtió a esa mujer, conocida en los círculos espiritistas como Hélène Smith, en uno de los casos más estudiados de la psicología naciente: una médium que afirmó comunicarse con Marte, generó un lenguaje completo con su alfabeto propio y cautivó por igual a escépticos y creyentes.
Tres vidas pasadas y un planeta lejano
Hélène Smith no llegó a Marte de golpe. Antes viajó a otros dos pasados. En sus trances producía tres series narrativas distintas, que los espiritistas de la época llamaban "ciclos". El primero la situaba como Simandini, esposa de un príncipe hindú del siglo XV; el segundo, como integrante de la corte de Versalles. El tercer ciclo, el más extraordinario, comenzó hacia 1896 y la llevaba al planeta Marte, donde ella decía habitar como guía espiritual y desde donde transmitía mensajes de sus habitantes.
Los marcianos, según sus visiones, vivían en casas de colores vivos, se desplazaban en vehículos extraños y hablaban una lengua que Hélène reproducía tanto oralmente como por escrito, trazando en papel un alfabeto con caracteres propios. La sala de espiritistas quedaba en silencio cuando ella escribía esas letras ajenas a cualquier sistema gráfico conocido. Para los asistentes, aquello era la prueba más extraordinaria posible de comunicación ultraterrena. Para Théodore Flournoy, era el punto de partida de una investigación.
El psicólogo que tomó nota
Flournoy era profesor de psicología en la Universidad de Ginebra, discípulo del filósofo William James y uno de los primeros en aplicar métodos sistemáticos al estudio de los fenómenos espiritistas. A diferencia de los investigadores que buscaban demostrar el fraude o refrendar el prodigio, Flournoy se propuso algo más sutil: observar con rigor lo que sucedía sin pronunciarse de antemano. Asistió durante más de cinco años a las sesiones de Hélène Smith y tomó notas minuciosas.
El resultado fue Des Indes à la Planète Mars (De las Indias al Planeta Marte), publicado en 1900, uno de los libros más leídos de la psicología de su época. La tesis central de Flournoy era tan audaz como la propia Hélène: ni fraude deliberado ni comunicación real con el más allá, sino el producto de una imaginación subconsciente extraordinariamente productiva. Lo que los trances mostraban no eran almas del pasado ni extraterrestres, sino los poderes insospechados de una mente humana entregada a sí misma.
"El subconsciente de Hélène es un poeta, un dramaturgo y un lingüista de primera fila." — paráfrasis de Théodore Flournoy, 1900.
Para sostener su análisis, Flournoy se detuvo especialmente en el lenguaje marciano. Analizó el alfabeto, el vocabulario y la sintaxis de los mensajes y llegó a una conclusión precisa: la lengua marciana seguía en lo esencial la estructura gramatical del francés, la lengua materna de Hélène, con vocablos inventados que sonaban ajenos pero obedecían patrones muy próximos a su lengua natal. No era un idioma de otro mundo; era la construcción inconsciente de un cerebro que reproducía lo que conocía con apariencia de novedad.
Lo que el caso reveló sobre la mente
La interpretación de Flournoy anticipó conceptos que la psicología tardaría décadas en formular con precisión. El término que él acuñó, criptomnesia, designaba el fenómeno por el que recuerdos olvidados reaparecen disfrazados de inspiración o revelación. Hélène recordaba, sin saberlo, lecturas, conversaciones o imágenes que su mente reelaboraba en las narrativas del trance. El hindú Simandini tenía rasgos de una novela histórica que Hélène había leído de niña; los marcianos tomaban préstamos de grabados de ciencia ficción que circulaban por la Europa de finales del XIX.
Los espiritistas recibieron el libro con hostilidad. Para ellos, Flournoy había reducido a mera psicología lo que era un fenómeno sobrenatural. La propia Hélène se distanció de él y nunca aceptó su interpretación. En los años siguientes abandonó el espiritismo y se consagró a la pintura religiosa, produciendo cuadros de visiones que los surrealistas, décadas más tarde, celebrarían con entusiasmo. André Breton la llamó "la patrona del surrealismo".
Un caso que no cierra
Hélène Smith murió en Ginebra en 1929. Su caso sigue siendo citado en la historia de la psicología como un ejemplo temprano del poder constructivo del inconsciente. Lo que Flournoy no pudo hacer fue probar que no existía ningún elemento sobrenatural: demostró la posibilidad de una explicación psicológica, no la imposibilidad de otra. Los registros dicen que una mujer producía, en trance, un lenguaje coherente con fonología y morfología propias. Los practicantes sostienen que eso apunta a fuentes más allá del subconsciente. El debate, como suele ocurrir en este terreno, permanece abierto.
Lo que permanece sin discusión es la magnitud del fenómeno. Un siglo después de que Flournoy pusiera nombre a la criptomnesia, los neurocientíficos del sueño y la memoria siguen encontrando en aquel libro una herramienta de trabajo. La médium que hablaba con Marte terminó siendo, sin pretenderlo, una de las primeras personas estudiadas por la psicología científica. El planeta marciano quedó sin confirmar; el inconsciente humano, en cambio, salió de aquellas sesiones con su mapa más detallado hasta entonces.