Los estados alterados de conciencia: la ciencia del otro estado
Sueño REM, meditación, psilocibina, hipnosis: todos reducen la red de modo predeterminado. La neurociencia pregunta qué ocurre cuando el cerebro se libera del «yo».
Crónica de Tarotgratuito.net
Los estados alterados de conciencia (EAC) no son experiencias reservadas a chamanes o meditadores avanzados. Son parte de la biología cotidiana de cualquier ser humano. La ciencia ha identificado al menos ocho tipos de EAC ampliamente documentados: el sueño REM, la meditación profunda, la hipnosis, la privación sensorial, el éxtasis religioso, el orgasmo, los estados febriles altos y la acción de sustancias psicoactivas. Todos comparten, según la neuroimagen funcional moderna, una característica: la reducción de la actividad en la red de modo predeterminado.
La red del ego y su disolución
La Default Mode Network (DMN), o red de modo predeterminado, es el sistema de circuitos cerebrales que permanece activo cuando no estamos concentrados en ninguna tarea externa: cuando pensamos en nosotros mismos, planificamos el futuro, rumiamos el pasado o construimos la narrativa de nuestra identidad. Es, en términos muy aproximados, el sustrato neurológico de lo que llamamos "yo". Su descubrimiento a principios de los años 2000, por investigadores como Marcus Raichle en Washington, fue uno de los hallazgos más importantes de la neurociencia de las últimas décadas.
Lo que los estudios de neuroimagen han mostrado desde entonces es que todos los EAC, por vías distintas, producen el mismo efecto central: la supresión o desorganización temporal de la DMN. Cuando el "yo narrativo" se apaga, algo diferente toma el relevo.
"Los estados psicodélicos producen el nivel más alto de entropía cerebral medido por fMRI: el cerebro en su estado más flexible y menos restringido." — Robin Carhart-Harris, Imperial College London, 2014.
La entropía cerebral y los psicodélicos
Robin Carhart-Harris, en el Imperial College de Londres, desarrolló la teoría de la "entropía cerebral" para describir lo que ocurre bajo la influencia de sustancias como la psilocibina, el LSD o el DMT. En sus estudios de fMRI, estas sustancias producen un estado de conectividad cerebral aumentada y atípica: regiones que normalmente no se comunican empiezan a intercambiar señales, y la jerarquía rígida del procesamiento de la información se flexibiliza radicalmente. El resultado subjetivo es lo que los voluntarios describen como "disolución del ego", un estado en que el límite entre el yo y el mundo exterior se vuelve permeable.
Meditadores con larga experiencia muestran, según estudios de Harvard y otras instituciones, una reducción estructural de la actividad de la DMN incluso en reposo, lo que sugiere que la práctica sostenida remodela literalmente la arquitectura funcional del cerebro relacionada con el "yo".
El éxtasis religioso bajo el escáner
Andrew Newberg, neurocientífico y pionero de lo que él llama "neuroteología", pasó años estudiando en fMRI a monjas carmelitas en oración contemplativa y a monjes tibetanos en meditación avanzada. Sus hallazgos fueron llamativos: los patrones de activación e inhibición cerebral durante el éxtasis religioso resultan indistinguibles, en algunas métricas, de los patrones registrados bajo psicodélicos. La corteza parietal superior —relacionada con la percepción del límite entre el propio cuerpo y el entorno— muestra en ambos casos una reducción significativa de actividad. Cuando esa región se silencia, el sujeto pierde la sensación de ser "separado" del mundo.
Conviene ser precisos sobre lo que este hallazgo implica y lo que no. Que el éxtasis religioso tenga correlatos neurológicos no significa que sea "solo" un fenómeno cerebral, de la misma manera que el hecho de que el amor tenga correlatos en la oxitocina no agota lo que el amor significa. La neurociencia describe cómo ocurren estas experiencias; no puede pronunciarse sobre si apuntan a algo más allá del cerebro.
La pregunta que queda abierta
Los resultados clínicos sugieren que los EAC importan más allá de su interés teórico. Los estudios de Carhart-Harris y de Michael Pollan en Berkeley muestran que una sola sesión de psilocibina en contexto terapéutico puede producir cambios persistentes en la personalidad y reducir drásticamente los síntomas de depresión resistente y el miedo a la muerte en pacientes terminales. Los meditadores a largo plazo exhiben diferencias estructurales en la corteza prefrontal y en la ínsula.
El estado ordinario de conciencia, con su "yo" estabilizado y su DMN activa, no es la única forma de estar en el mundo. Es la forma habitual, y tiene sus ventajas evolutivas. Pero los estados alterados sugieren que la arquitectura del cerebro contiene, en potencia, modos de procesar la realidad radicalmente distintos. Explorarlos con rigor científico y con respeto hacia quienes los han habitado culturalmente durante milenios puede ser una de las aventuras más fecundas de la neurociencia contemporánea.