Borley Rectory: la casa más encantada y los huesos
La rectoría de Borley fue llamada la casa más encantada de Inglaterra. Su investigador principal fue acusado de fraude; su demolición reveló huesos humanos. Ninguna de las dos cosas cierra el caso.
Crónica de Tarotgratuito.net
En 1929, el investigador paranormal Harry Price llegó a la rectoría de Borley, en Essex, y la declaró "la casa más encantada de Inglaterra". La frase fue un golpe de marketing involuntario: durante las dos décadas siguientes, Borley se convirtió en un fenómeno mediático internacional, objeto de dos libros de Price, decenas de artículos periodísticos y una investigación que reunió a más de cuarenta observadores voluntarios durante doce meses. Cuando la rectoría ardió en 1939 y fue demolida en 1944, los excavadores encontraron bajo los cimientos restos humanos. El descubrimiento no cerró ninguna pregunta; abrió otras.
Los fenómenos y los primeros investigadores
La rectoría de Borley fue construida en 1863 por el reverendo Henry Bull para su familia. Desde el principio, los habitantes reportaron fenómenos extraños: pasos nocturnos, apariciones, una figura femenina que cruzaba el jardín. La leyenda más persistente hablaba de una monja que habría muerto en circunstancias violentas en el solar, y cuyo espíritu no encontraba reposo. Los sucesivos inquilinos —la familia Bull hasta 1927, luego los Foyster hasta 1935— reportaron campanas que sonaban solas, objetos que se movían y mensajes escritos en las paredes.
Marianne Foyster, esposa del último párroco residente, fue la protagonista de los fenómenos más dramáticos de ese período: proyectiles que parecían brotar de las paredes, una voz que la llamaba por su nombre, escritura en los revoques. Su marido, Lionel Foyster, documentó todo en un diario que entregó a Price. Años después, investigadores que entrevistaron a Marianne en Estados Unidos encontraron inconsistencias graves en sus relatos. Algunos de los mensajes en las paredes tenían grafía compatible con la suya.
"Todo lo que podemos decir con certeza es que algo ocurrió en Borley Rectory entre 1929 y 1939. Sobre qué fue ese algo, los testigos no se ponen de acuerdo ni siquiera entre ellos." — Eric Dingwall, investigador del SPR, informe de 1956.
Harry Price y la sospecha de fraude
Harry Price era periodista, ilusionista aficionado e investigador paranormal con un talento indiscutible para la publicidad y una relación ambivalente con la verdad. Sus dos libros sobre Borley, The Most Haunted House in England (1940) y The End of Borley Rectory (1946), fueron éxitos de ventas. En 1956, cuatro años después de la muerte de Price, el SPR encargó a sus investigadores Dingwall, Goldney y Hall una revisión exhaustiva de la evidencia. El informe resultante, conocido como The Haunting of Borley Rectory, fue demoledor: documentaba fabricaciones, omisiones y manipulaciones en los registros de Price, e insinuaba que él mismo podría haber producido algunos de los fenómenos para sostener el interés mediático.
El informe Dingwall no fue definitivo en el sentido contrario: no podía probar que todos los fenómenos de Borley fueran fraudulentos, ni que Price hubiera fabricado todo. Lo que estableció con claridad fue que Price no era un testigo fiable. Eso era suficiente para desacreditar la mayor parte de la evidencia positiva que él mismo había aportado. La "casa más encantada de Inglaterra" quedó convertida, para buena parte de la comunidad investigadora, en el caso de contaminación por investigador más flagrante de la historia del SPR.
Los huesos y la pregunta que queda
En 1943, mientras los escombros de la rectoría incendiada eran removidos para la demolición definitiva, los trabajadores encontraron fragmentos de huesos humanos bajo el sótano. Las osamentas eran fragmentarias e incompletas; un análisis posterior determinó que pertenecían a una mujer joven. Para los defensores de la autenticidad de los fenómenos, el hallazgo era la confirmación material de la leyenda de la monja: existía una muerta, había huesos bajo la casa, la historia tenía una base real. El antropólogo que realizó el análisis fue más cauteloso: los huesos podrían ser medievales, podrían ser más recientes, y su presencia bajo los cimientos de una construcción victoriana en el campo inglés no era, en sí misma, anómala.
En 1945, los restos fueron enterrados formalmente en el cementerio de Liston por el reverendo A.C. Henning, en una ceremonia que él mismo relacionó públicamente con la leyenda de la monja. El gesto fue piadoso; tampoco resolvió la pregunta de quién había sido esa mujer ni cómo había llegado allí.
El solar donde se levantó Borley Rectory es hoy un prado. Los investigadores que han revisado el caso en las últimas décadas coinciden en que el núcleo de la leyenda descansa sobre un edificio de evidencia mal construido: un investigador sospechoso de fraude, testigos que variaron sus relatos, y fenómenos que nunca fueron observados de manera controlada. Quedan los huesos, que son reales, y los diarios de los Foyster, que contienen cosas difíciles de atribuir enteramente a la confabulación. Borley no es un caso de lo paranormal demostrado. Es un caso de lo que sucede cuando el deseo de encontrar lo extraordinario contamina de manera irremediable las condiciones en que habría que buscarlo.