Valparaíso es una ciudad que se sube: los cerros —Alegre, Concepción, Bellavista— están llenos de casas de colores conectadas por ascensores centenarios y escaleras interminables, y esa geografía marca el carácter de los porteños, como se llaman a sí mismos, aunque nada tenga que ver con los porteños de Buenos Aires. En el chat de Valparaíso ese espíritu bohemio y algo desordenado se siente enseguida.
Poetas, puerto y arte callejero
Valparaíso fue hogar de Pablo Neruda, que tiene ahí una de sus casas más queridas, La Sebastiana, y esa tradición literaria y artística sigue viva en el arte callejero que cubre los cerros. La sala habla de eso, pero también de la vida de puerto: los barcos, el comercio que supo tener la ciudad antes del Canal de Panamá, y la nostalgia por ese esplendor perdido. El Congreso Nacional funciona ahí, cosa que sorprende a quien no es chileno, y el clima húmedo y ventoso del puerto es queja constante entre quienes viven en los cerros más altos.