Una capital que se vive despacio
Montevideo tiene un ritmo propio, más pausado que el de sus vecinos, y un mate bajo el brazo que acompaña cada caminata por la Rambla, el paseo costero más largo de Sudamérica. El montevideano habla con calma, usa el «che» compartido con Argentina pero con su propia cadencia, y suele preferir la conversación tranquila al escándalo.
El chivito, el asado de los domingos, la Ciudad Vieja con su aire decadente y hermoso, y el candombe que retumba en los barrios Sur y Palermo durante las llamadas son parte del ADN de la sala. También el fútbol —Peñarol y Nacional dividen a la ciudad en dos— y el tango, que Montevideo reclama con la misma fuerza que Buenos Aires. Para los uruguayos en el exterior, sobre todo en España y Argentina, la sala es un rincón donde el «bo» y el «ta» suenan como en casa.