En Maracaibo el calor no da tregua y el maracucho lo compensa con un carácter que no se guarda nada: habla golpeado, directo, con esa «vé» que se cuela en cada frase y delata de dónde viene. El lago, el puente sobre el lago Rafael Urdaneta, el sol que raja las piedras y el aire acondicionado como necesidad de vida son parte del paisaje cotidiano que aparece en la sala.
Gaita, La Chinita y la diáspora zuliana
Cada noviembre la Feria de La Chinita y la gaita zuliana ponen a bailar a toda la ciudad, y esa música suena en el chat todo el año, sobre todo en diciembre. Las mandocas, el patacón y la leche 'e burra son motivo de nostalgia constante para los maracuchos que hoy viven en España, Colombia o Estados Unidos y usan la sala para no perder el acento ni las costumbres.