Empieza con «encadenados»: la última letra de una palabra es la primera de la siguiente, y quien se atasca pierde la ronda. Diez minutos después la sala está a mitad de una partida de anagramas y alguien acaba de colar una palabra que nadie sabía que existía hasta que la buscó en la RAE.
El ritmo lo marca quien esté conectado en ese momento: rondas de cadenas de palabras, adivinanzas, sinónimos imposibles y algún acertijo clásico rescatado de la infancia. No hay puntuación oficial ni ranking, solo el gusto de exprimir el idioma un rato y descubrir que se te había olvidado lo divertido que es jugar con las palabras.