El Salvador es territorialmente el país más pequeño de Centroamérica, pero tiene una de las diásporas proporcionalmente más grandes del mundo: hay salvadoreños en Estados Unidos que casi igualan en número a los que viven en el país. Esa doble vida —de aquí y de allá— define el tono de la sala.
Las pupusas son casi un tema de estado, la selección genera pasión pese a los altibajos, y hay siempre alguien contando cómo lleva el «311» de estar lejos y seguir de cerca lo que pasa en San Salvador o Santa Ana.