Amatitlán vive alrededor de su lago. Es el balneario de agua dulce clásico de los capitalinos, que bajan el finde a pasear en lancha, comer pescado frito a la orilla y subir en el teleférico al Cerro de la Cruz para ver todo desde arriba. En esta sala se junta gente que tiene ese lago como parte de la vida.
Se habla de la feria del Niño Dios en diciembre, que llena el pueblo, de los amates y las aguas termales de la zona, del tren que antes llegaba y de los retos de cuidar un lago tan querido y a la vez tan castigado. El amatitlaneco tiene apego fuerte a su tierra.
Charla tranquila de pueblo lacustre, cerca de la capital pero con aire propio. Si sos de Amatitlán, poné tu apodo y contá cómo anda el lago.