Andrew Newberg no se detuvo en los monjes tibetanos. En 2006, su laboratorio en la Universidad Thomas Jefferson llevó la neuroimagen a un territorio aún menos explorado: las iglesias pentecostales. Reclutó a hablantes en lenguas —personas que practicaban la glossolalia, ese estado en el que "el Espíritu habla a través del creyente" produciendo vocalizaciones fluidas pero no léxicas— y les pidió que realizasen dos tareas: primero cantar una canción gospel conocida y después entrar en glossolalia. Los datos de perfusión cerebral obtenidos con SPECT durante ambas tareas fueron reveladores.
Durante el canto gospel, el lóbulo frontal —el área del cerebro asociada al control voluntario del comportamiento y el lenguaje— mostraba una actividad robusta, coherente con una actividad deliberada y consciente. Pero durante la glossolalia, esa misma región registraba una disminución significativa de actividad. El hallazgo era neurológicamente coherente con la descripción teológica del fenómeno: el hablante en lenguas no siente que está eligiendo las palabras ni controlando la vocalización. El cerebro muestra lo mismo. La experiencia de "no soy yo quien habla" tiene una firma neural.
Oración petitoria frente a oración contemplativa
No toda oración es igual, y el cerebro tampoco la procesa igual. Estudios de resonancia magnética funcional han comparado distintas modalidades orantes y encontrado patrones diferenciados. La oración petitoria —pedir algo concreto a Dios o al universo— activa regiones asociadas al pensamiento narrativo y la teoría de la mente: el córtex prefrontal medial y la unión temporoparietal, las mismas áreas que usamos cuando imaginamos los pensamientos de otra persona. En cierto modo, el cerebro trata la oración petitoria como una conversación social con un interlocutor imaginado.
La oración contemplativa o centering prayer —la tradición cristiana de silencio interior y vaciamiento conceptual— produce un patrón distinto: más parecido al que se observa en la meditación de atención plena, con reducción de la actividad en la red neuronal por defecto (el "modo divagante" del cerebro) y mayor coherencia en redes de atención sostenida. Es un estado de presencia sin contenido narrativo, y el cerebro lo refleja con fidelidad.
Los beneficios documentados: cortisol, sistema inmune y sistema nervioso autónomo
Más allá de la cartografía neurológica, una línea de investigación paralela ha estudiado los efectos fisiológicos de la práctica orante regular sobre la salud. Los resultados son suficientemente consistentes como para merecer atención.
Varios estudios han encontrado que la oración y la meditación sostenidas correlacionan con niveles reducidos de cortisol, la hormona principal del estrés. Un meta-análisis de 2012 publicado en Psychological Bulletin que analizó más de doscientos estudios sobre mindfulness —prácticas de atención plena estructuralmente similares a la oración contemplativa— confirmó efectos moderados pero robustos sobre el estrés y la ansiedad.
La activación del sistema nervioso parasimpático durante la oración también está bien documentada: disminución de la frecuencia cardíaca, reducción de la presión arterial y variabilidad de la frecuencia cardíaca aumentada, indicadores de un estado fisiológico de reposo y recuperación. Algunos estudios en poblaciones religiosas practicantes han encontrado correlaciones positivas con marcadores de función inmune, aunque la causalidad aquí es más difícil de establecer por los múltiples factores de confusión (estilo de vida, comunidad social, propósito vital).
El efecto independiente de las creencias
Uno de los hallazgos más interesantes de esta línea de investigación es que muchos de los beneficios fisiológicos documentados parecen ser, en gran medida, independientes de si el creyente cree o no que hay alguien al otro lado escuchando. El sistema nervioso parasimpático no distingue entre una oración dirigida a un Dios personal y una práctica de respiración consciente con la misma estructura rítmica y atencional. Lo que parece importar es la combinación de atención sostenida, relajación muscular, ritmicidad y sentido de significado.
Esto no reduce la oración a mera técnica de relajación. Para el creyente, el significado personal y relacional de la oración es constitutivo de la práctica, no un epifenómeno. Pero sí sugiere que el mecanismo por el que la oración beneficia la salud no requiere validar ninguna cosmología en particular: funciona a través de rutas fisiológicas accesibles también desde prácticas seculares equivalentes. La neurociencia puede estudiar el cómo sin pronunciarse sobre el quién.
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