A principios del siglo XXI, un argumento se convirtió en uno de los más populares de la divulgación escéptica sobre el cristianismo: Jesús no sería más que una copia de Mitra, el dios persa-romano cuyos misterios se celebraban por todo el Imperio en los mismos siglos en que se formaba el cristianismo. Nacimiento el 25 de diciembre, bautismo, doce discípulos, resurrección al tercer día: las similitudes parecen abrumadoras. El problema es que casi ninguna de ellas está documentada en las fuentes primarias del mitraísmo.
Lo que sabemos del mitraísmo: el problema de las fuentes
El mitraísmo es uno de los casos más interesantes y frustrantes de la historia de las religiones. Sabemos que fue un culto de misterios enormemente popular en el mundo romano entre los siglos I y IV de nuestra era, especialmente entre soldados y comerciantes. Sus templos (mithraea) se han encontrado desde Britania hasta Mesopotamia. Pero aquí empieza el problema: no tenemos ni un solo texto sagrado mitraico.
Todo lo que conocemos del culto proviene de fuentes externas —fundamentalmente escritores romanos tardíos y padres de la Iglesia— y de la interpretación de la iconografía de los mithraea: la escena central del tauroctonio (Mitra matando a un toro), el banquete ritual, los siete grados de iniciación. Los textos internos del culto, si es que existieron por escrito, se han perdido completamente.
Esta laguna documental tiene consecuencias metodológicas enormes. Cuando alguien afirma que Mitra "nació el 25 de diciembre" o "resucitó al tercer día", está haciendo una afirmación que debería poder respaldarse con fuentes primarias. Y cuando los historiadores buscan esas fuentes, lo que encuentran es ausencia o, en el mejor de los casos, inferencia tardía.
Las similitudes populares bajo escrutinio
El argumento del "Jesús copiado de Mitra" se popularizó sobre todo a través del documental Zeitgeist (2007) y de varios libros de divulgación escéptica. Sus afirmaciones específicas han sido examinadas con detalle por historiadores de las religiones como Jonathan Z. Smith, Richard Gordon y David Ulansey.
El nacimiento el 25 de diciembre: la fecha de la festividad de Mitra en el mundo romano era el Dies Natalis Solis Invicti, el nacimiento del Sol Invicto, celebrado en el solsticio de invierno. Pero esta festividad solar era compartida por varios cultos y no es exclusiva del mitraísmo. Además, el 25 de diciembre como fecha de nacimiento de Jesús es una convención cristiana tardía (siglo IV), no un dato de los evangelios.
Los doce compañeros o discípulos: no hay ninguna fuente mitraica que mencione doce compañeros de Mitra. La cifra probablemente se tomó de una interpretación astrológica moderna del mitraísmo (los doce signos del zodíaco), no de un texto antiguo.
La resurrección: este es quizá el punto más delicado. No existe ninguna narración documentada en fuentes mitraicas de una muerte y resurrección de Mitra. El estudioso Roger Beck, uno de los mayores especialistas vivos en mitraísmo, señala que la escena del tauroctonio (la muerte del toro) puede leerse como un símbolo de transformación cósmica, pero no como el equivalente de una pasión y resurrección divinas.
Lo que sí comparten, y por qué
Afirmar que el mitraísmo no influyó directamente en el cristianismo no equivale a decir que las dos tradiciones no tengan nada en común. Comparten un contexto cultural: ambas se desarrollaron en el mismo mundo helenístico-romano, ambas ofrecían salvación y vida después de la muerte, ambas incluían ritos de iniciación, banquetes sagrados y jerarquías de conocimiento.
Pero estos parecidos se explican mejor por la hipótesis del "campo cultural común" que por la de la copia directa. El historiador de las religiones Jonathan Z. Smith habló de "comparación morfológica" para describir este fenómeno: las similitudes entre religiones del mismo período y área geográfica reflejan respuestas similares a problemas similares, no necesariamente préstamos directos.
El propio Franz Cumont, cuya obra Les mystères de Mithra (1899) fue la primera gran síntesis académica del mitraísmo y la que más contribuyó a popularizar los paralelismos con el cristianismo, reconoció en ediciones tardías de su obra que había ido demasiado lejos en algunas de sus afirmaciones comparativas.
Una lección sobre la historia de las religiones
El caso del mitraísmo es una lección metodológica de primer orden. Ilustra cómo las comparaciones religiosas pueden desbocarse cuando se trabaja sin rigor en las fuentes: cualquier parecido superficial puede convertirse en "prueba" de influencia directa si no se exige la documentación primaria.
La historia de las religiones es una disciplina que trabaja con fuentes fragmentarias, contextos culturales complejos y una inevitable carga de interpretación. Sus conclusiones son siempre provisionales y están sujetas a revisión. Esa modestia epistemológica —lejos de ser una debilidad— es precisamente lo que la distingue de la mitología popular sobre los orígenes religiosos.
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