Hoy en día parece natural que el tarot y la Cábala vayan juntos: cualquier libro de tarot hermético menciona el Árbol de la Vida, los arcanos mayores se asocian a las letras hebreas y las cartas de la corte se relacionan con los cuatro mundos cabalísticos. Sin embargo, esta unión no es antigua ni inevitable: es el resultado de decisiones históricas muy concretas tomadas entre 1781 y 1888. Conocer esa historia cambia la forma en que se trabaja con el sistema.
El tarot antes de la Cábala: un juego de cartas italiano
El tarot nació en el norte de Italia en el siglo XV como un juego de naipes. Las primeras barajas documentadas —los llamados tarocchi— se usaban para jugar a un juego de bazas con cuatro palos y una serie de cartas especiales que hoy conocemos como arcanos mayores. No había ningún contenido esotérico original: las figuras (El Papa, El Ermitaño, La Rueda) reflejaban la iconografía cristiana y humanista de la época.
Durante tres siglos, el tarot fue simplemente un juego popular en Italia, Francia y Suiza. Los esotéricos de esos siglos —alquimistas, astrólogos, cabalistas— no mencionaron el tarot como herramienta espiritual. La conexión esotérica no existía.
1781: Antoine Court de Gébelin y el mito de Thoth
Todo cambió con la publicación del volumen VIII de Le Monde primitif del erudito suizo Antoine Court de Gébelin. En ese texto afirmó que el tarot era en realidad el "Libro de Thoth", un texto sagrado del antiguo Egipto que había sobrevivido disfrazado de juego de cartas. Según él, los gitanos lo habían llevado desde Egipto hasta Europa.
Esta teoría era completamente falsa: los académicos actuales saben que los gitanos no venían de Egipto sino de la India, que el tarot no tiene ningún origen egipcio documentado y que Court de Gébelin construyó su argumento sin evidencia. Pero la idea era enormemente atractiva en una época fascinada por el Egipto antiguo, y tuvo un impacto cultural enorme. A partir de ese momento, el tarot quedó permanentemente asociado al esoterismo.
Fue también en este período cuando Etteilla, un cartomante francés contemporáneo de Court de Gébelin, comenzó a crear las primeras barajas diseñadas expresamente para la adivinación. Él introdujo la práctica de leer las cartas invertidas con significados opuestos, entre otras innovaciones que hoy damos por sentadas.
1888: la Golden Dawn sistematiza la fusión
El sistema completo que conocemos hoy fue construido por la Hermetic Order of the Golden Dawn, fundada en Londres en 1888 por MacGregor Mathers y William Wynn Westcott. Sus miembros —entre ellos William Butler Yeats, Aleister Crowley y Arthur Edward Waite— crearon un sistema de correspondencias coherente y detallado:
- Los 22 arcanos mayores = las 22 letras del alfabeto hebreo = los 22 senderos del Árbol de la Vida.
- Los 4 palos de arcanos menores = los 4 mundos cabalísticos: Varas (Atziluth), Cálices (Beriah), Espadas (Yetzirah), Pentáculos (Assiah).
- Las 10 cartas numéricas de cada palo = los 10 Sephiroth en cada mundo.
- Las 16 cartas de la corte = las 16 sub-elementos de los cuatro mundos.
Este sistema no era una recuperación de una tradición antigua: era una creación original del siglo XIX, brillante y coherente, pero una construcción moderna. Arthur Edward Waite la llevó al público general con el Tarot Rider-Waite (1909), que sigue siendo la baraja más vendida del mundo.
El debate que no cierra: Justicia vs. Fuerza
La coherencia del sistema tiene un punto de fricción famoso. En el sistema de la Golden Dawn, La Justicia (arcano VIII) se asigna a la letra hebrea Lamed y al signo de Libra, mientras que La Fuerza (arcano XI) se asigna a Teth y a Leo. Esta asignación requería mover el orden numérico original de Marsella, donde La Fuerza era el VIII y La Justicia el XI.
Aleister Crowley, en su Libro de Thoth (1944), hizo algo más radical: no solo renombró las cartas (Justicia = "Ajuste", Fuerza = "Lujuria") sino que intercambió sus posiciones en el Árbol. Esto creó dos sistemas incompatibles que coexisten hoy: el Golden Dawn / Rider-Waite y el Thoth de Crowley. Cada escuela defiende su versión.
Este debate ilustra algo fundamental: el sistema tarot-Cábala no es una verdad revelada objetiva sino una correspondencia construida. Diferentes magos y estudiosos han tomado decisiones distintas y cada decisión tiene su lógica interna. Entender esto libera al estudiante: el sistema es una herramienta de contemplación, no un dogma que hay que aplicar sin cuestionar.
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