Pocos episodios históricos han sido más distorsionados —en sentidos opuestos y con igual intensidad— que la Inquisición española. Durante siglos, la versión dominante en el mundo anglosajón y protestante la pintó como una máquina de terror que quemó a centenares de miles de personas. La reacción apologética española tendió a minimizar hasta el absurdo sus horrores reales. La historiografía académica del último medio siglo ofrece una imagen bastante más matizada y, en algunos sentidos, igualmente perturbadora.
La Leyenda Negra y sus fuentes
El término "Leyenda Negra" fue acuñado por el historiador español Julián Juderías en 1914 para describir la imagen hostil de España en la literatura europea desde el siglo XVI. Sus raíces son múltiples: la rivalidad política entre España y las potencias protestantes (Inglaterra, los Países Bajos, los estados alemanes), la propaganda de la Reforma, y el impacto de textos como la Brevísima relación de la destrucción de las Indias de fray Bartolomé de las Casas —un texto escrito para denunciar excesos coloniales, pero que fue apropiado masivamente por los adversarios de España.
El historiador norteamericano Henry Charles Lea publicó entre 1906 y 1907 su monumental A History of the Inquisition of Spain, la primera gran obra académica sobre el tema. Lea era crítico severo de la institución, pero meticuloso con las fuentes: sus estimaciones de víctimas eran ya mucho más bajas que las cifras que circulaban en la literatura popular.
Las cifras de la historiografía moderna
El trabajo que marcó un antes y un después en la historiografía inquisitorial fue el del historiador escocés Henry Kamen. Su libro La Inquisición española, publicado en 1965 y revisado en varias ediciones posteriores, fue el primero en basarse de forma sistemática en los registros de los propios tribunales inquisitoriales conservados en el Archivo Histórico Nacional de Madrid.
Las conclusiones de Kamen y de la escuela historiográfica que le siguió —incluyendo a Gustav Henningsen, Jaime Contreras y el equipo que elaboró la Guía de la Inquisición— son sorprendentes para quien solo ha leído literatura popular: entre 1478 y 1834, los 356 años de existencia de la Inquisición española, los tribunales ejecutaron a entre 3.000 y 5.000 personas. Una cifra sin duda trágica, pero radicalmente diferente de los "millones" que aparecen en algunas versiones divulgativas.
Para contextualizar: en el mismo período, los tribunales civiles y los procesos por brujería en los estados alemanes protestantes ejecutaron a un número comparable de personas, y en algunos períodos muy superiores. La caza de brujas en la Europa central y septentrional del siglo XVII fue, en términos numéricos, más mortífera que la Inquisición española.
Lo que la Inquisición procesó realmente
Otro hallazgo sistemático de la historiografía moderna es que la gran mayoría de los procesos inquisitoriales no terminaron en hoguera, ni siquiera en penas de prisión prolongadas. Los delitos más frecuentemente procesados eran la bigamia, la blasfemia, las "proposiciones heréticas" —expresiones teológicamente incorrectas pronunciadas, a menudo, en estados de embriaguez o frustración— y las prácticas de la hechicería popular.
El procedimiento habitual terminaba en una abjuración de levi o de vehementi (un reconocimiento público de error), una multa, azotes o un período de servicio religioso forzado. La pena capital se reservaba para los casos de herejía relapsa (reincidencia tras abjuración) o para los judaizantes y moriscos que sostenían sistemáticamente sus prácticas.
El problema real: el destierro, no la hoguera
Paradójicamente, el horror más duradero de la política religiosa española no fue la hoguera inquisitorial sino las expulsiones masivas. En 1492, el mismo año del descubrimiento de América, los Reyes Católicos expulsaron de España a entre 100.000 y 200.000 judíos que se negaron a convertirse. En 1609, el rey Felipe III ordenó la expulsión de los moriscos —los descendientes de los musulmanes convertidos al cristianismo—: unas 300.000 personas fueron deportadas.
Estas expulsiones no fueron responsabilidad directa del tribunal inquisitorial sino de la Corona, y sus consecuencias demográficas, económicas y culturales para España fueron profundas y duraderas. Desde el punto de vista del sufrimiento humano causado, superan con creces a los autos de fe.
Entender la Inquisición históricamente no equivale a justificarla ni a minimizarla. Equivale a situarla con precisión en su tiempo y en su contexto, que es exactamente lo que la historia, cuando funciona bien, se propone hacer.
✦ Comunidad en directo
¿Te ha resonado? Coméntalo en #esoterismo
Entra como invitado, sin registro, y debate este tema con la comunidad en directo (tarot, magia, parapsicología y esoterismo).