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Misterios · 7 min

Los manuscritos de Qumrán: el mayor hallazgo bíblico del siglo XX

En 1947 un pastor beduino lanzó una piedra a una cueva del desierto de Judea. Dentro había jarras selladas con rollos de dos mil años que cambiaron nuestra comprensión del judaísmo y el cristianismo primitivo.

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Los Rollos del Mar Muerto son el conjunto de manuscritos religiosos más antiguo y extenso jamás descubierto: más de novecientos textos en once cuevas de Judea, escritos entre el siglo III a.C. y el 68 d.C., encontrados entre 1947 y 1956 por una combinación de azar beduino y arqueología sistemática.

El hallazgo de Muhammad edh-Dhib

Muhammad Ahmad el-Hamed, apodado edh-Dhib ("el lobo"), buscaba una cabra extraviada cuando descubrió la primera cueva de Qumrán en 1947. Dentro encontró jarras de cerámica selladas que contenían rollos de cuero y papiro envueltos en lino. Los llevó a Belén, donde un comerciante de antigüedades los valoró inicialmente como piezas de escaso interés. Cuatro rollos llegaron a manos del Metropolitan Athanasius Yeshue Samuel, obispo sirio, quien los vendió en 1954 a través de un anuncio en el Wall Street Journal por 250.000 dólares. El comprador era el gobierno de Israel, que los conserva hoy en el Santuario del Libro de Jerusalén. Entre 1947 y 1956, arqueólogos y beduinos locales —a menudo compitiendo entre sí— descubrieron once cuevas en los alrededores de Khirbet Qumrán.

Los esenios y la comunidad del desierto

La mayoría de los académicos identifican a los autores de los rollos con los esenios, una secta judía que Flavio Josefo, Filón de Alejandría y Plinio el Viejo describen como ascetas que vivían en comunidad junto al Mar Muerto, rechazaban el matrimonio, practicaban abluciones rituales y compartían los bienes comunitariamente.

"Una región solitaria, admirable más que todas las demás del mundo: sin mujeres, sin todo deseo carnal, sin dinero... día a día los visitantes renuevan su número." — Plinio el Viejo, Historia Natural, sobre los esenios junto al Mar Muerto

Las excavaciones de Khirbet Qumrán revelaron una instalación comunitaria con scriptorum —sala de escribas equipada con mesas de piedra e inkwells— y sistemas elaborados de almacenamiento de agua para baños rituales. Los rollos incluyen el Documento de Damasco, que describe las normas de la comunidad; el Rollo de la Guerra, que narra una batalla apocalíptica entre los "Hijos de la Luz" y los "Hijos de las Tinieblas"; y el Gran Rollo de Isaías, el manuscrito bíblico completo más antiguo conocido —mil años anterior a los manuscritos hebreos que habían servido de base a las traducciones modernas.

La controversia de la publicación

Los Rollos del Mar Muerto se convirtieron en uno de los secretos académicos más ruidosos del siglo XX. Un pequeño grupo de investigadores mantuvo el monopolio de acceso a los manuscritos durante décadas. En 1991, el Huntington Library de California desafió ese monopolio publicando fotografías de infrarrojo de toda la colección. La reacción inicial fue de protesta, pero el acceso abierto se impuso. La demora había alimentado teorías conspirativas: que los rollos contenían revelaciones incompatibles con el dogma cristiano o judío, que el Vaticano los censuraba. La realidad fue más prosaica: rivalidades académicas, disputas sobre crédito intelectual y financiación insuficiente.

Lo que los rollos realmente revelaron

El hallazgo más perturbador no fue ningún secreto oculto sino la confirmación de que el judaísmo del siglo I a.C. era radicalmente más plural de lo que sugería la tradición posterior. Los esenios esperaban un Mesías —o quizás dos: uno sacerdotal y uno real— practicaban bautismos de purificación y creían en la guerra final entre el bien y el mal. Los paralelos con el cristianismo primitivo son múltiples y el debate académico sobre la relación entre el movimiento de Qumrán y el de Jesús de Nazaret sigue siendo uno de los más fértiles de la historia de las religiones. El Gran Rollo de Isaías demostró algo igualmente notable: el texto hebreo de ese profeta se había transmitido con una fidelidad extraordinaria durante más de dos milenios. Las diferencias con los manuscritos medievales son mínimas, lo que para los historiadores textuales resultó una sorpresa mayúscula. El pastor que lanzó aquella piedra en 1947 no cobró nada por su hallazgo.

Fuentes y para saber más

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