Carl Jung y el Libro Rojo: treinta años en la oscuridad
Durante 16 años Jung escribió en secreto un libro de visiones que no publicó y ordenó custodiar tras su muerte. Cuando salió en 2009, llegó a los best-sellers del New York Times.
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Carl Gustav Jung escribió durante dieciséis años en un libro que nunca publicó y que instruyó mantener oculto tras su muerte. El Libro Rojo —Liber Novus en latín— no se publicó hasta 2009, casi cincuenta años después de su fallecimiento en 1961. Lo que contiene explica por qué Jung lo guardó en una caja fuerte.
La crisis de 1913
En octubre de 1913, Jung comenzó a tener visiones que lo aterrorizaban. Veía Europa cubierta de sangre, ciudades destruidas, un mar de cadáveres desde el Canal de la Mancha hasta Rusia. Las tomó por síntoma de psicosis inminente. Meses después comenzó la Primera Guerra Mundial. Ese invierno, Jung tomó una decisión radical: en lugar de luchar contra las visiones, se entregaría a ellas de forma deliberada. Comenzó a "descender" —su palabra— hacia las capas más profundas de su propia psique. El método que desarrolló, al que llamaría imaginación activa, consistía en relajar el control consciente y dejar que las imágenes internas tomaran forma, dialogando con ellas como si fueran entidades reales.
"Tuve que someterme a ese proceso con toda su brutalidad. No era un experimento agradable. Pero necesitaba entender qué había en el fondo de mí mismo." — C.G. Jung, Memorias, sueños, reflexiones, 1963
El manuscrito negro y la caligrafía roja
Jung comenzó a transcribir sus visiones en cuadernos de tapa negra —los Schwarze Bücher, publicados en 2020— y luego los pasó a limpio en un gran folio encuadernado en cuero rojo bermellón. El Libro Rojo tiene 205 páginas con una caligrafía elaborada que imita los manuscritos iluminados medievales, ilustraciones pintadas a mano —dragones, figuras alquímicas, mandalas— y textos en latín y alemán arcaico. En él aparecen figuras que luego serían centrales en su teoría: Filemón, un anciano con alas de martín pescador al que Jung describía como "más real que muchas personas reales"; una figura femenina interior que llamaría Anima; y una voz que se identificó primero como Elías y luego como Filemón. Jung reconoció explícitamente que no sabía si estas figuras eran "solo" proyecciones psíquicas o si tenían alguna realidad independiente.
La conexión alquímica
Las ilustraciones del Libro Rojo son sorprendentes para cualquier lector familiarizado con la iconografía alquímica: el uroboros, el Rebis andrógino, el Sol Negro. No es coincidencia. Jung pasó la segunda mitad de su vida estudiando textos alquímicos medievales convencido de que los alquimistas no describían experimentos químicos sino procesos psicológicos proyectados sobre la materia. La obra que culminó ese trabajo, Mysterium Coniunctionis (1955-56), fue escrita cuando Jung tenía más de ochenta años. El Libro Rojo era el semillero del que brotaron sus conceptos más originales: el inconsciente colectivo, los arquetipos, la individuación, la sincronicidad. Todo el edificio teórico de la psicología analítica tiene sus raíces en esas visiones que Jung consideró el riesgo de su vida.
El secreto y la publicación
Jung nunca quiso publicar el Libro Rojo. Temía que se malinterpretara —que se tomara por psicosis documentada o por revelación mística, cuando él insistía en que era investigación empírica del inconsciente— y también que dañara su reputación científica. Lo guardó en una caja fuerte en su casa de Küsnacht. Durante décadas, los herederos se resistieron a publicarlo. La historiadora Sonu Shamdasani pasó más de una década negociando con la familia y preparando la edición crítica que finalmente publicó W.W. Norton en 2009. El volumen, enorme y costoso, se convirtió en un fenómeno editorial inesperado: llegó a la lista de best-sellers del New York Times, lo que habría desconcertado a su autor.
El rojo de Lévi
Hay una coincidencia visual que ningún estudioso ha ignorado: el color rojo bermellón de la cubierta es el mismo que Eliphas Lévi usó para el Baphomet en su Dogme et Rituel de la Haute Magie (1854-56). Jung conocía bien a Lévi y lo cita en varios textos. Si la elección del color fue consciente o inconsciente —en el sentido junguiano del término— es una pregunta que el Libro Rojo no responde. Lo que sí deja claro es algo más inquietante: la psicología más rigurosa del siglo XX nació de un proceso que su fundador describió como indistinguible, desde dentro, de la psicosis. La frontera entre el método científico y el rito iniciático es, según Jung, más permeable de lo que a ninguno de los dos campos le resulta cómodo admitir.