La bruja (The Witch) reconstruye con obsesión de historiador el imaginario de la caza de brujas en la Nueva Inglaterra puritana. Una familia expulsada de su colonia se instala junto a un bosque donde, muy pronto, lo inexplicable empieza a cebarse con ellos. Eggers tomó los diálogos de documentos, sermones y actas judiciales de la época.
El símbolo detrás de la historia
El filme materializa las creencias que alimentaron los procesos del siglo XVII: el pacto con el Maligno, el macho cabrío (el célebre «Black Phillip»), el vuelo nocturno y el aquelarre. Pero su lectura más fina es psicológica: la brujería como proyección del miedo, la represión sexual y la culpa de una comunidad cerrada sobre sí misma.
Por qué mirarla en clave simbólica
El famoso final —«¿te gustaría vivir deliciosamente?»— convierte la condena en emancipación. Para quien estudia la historia de la brujería, es una de las reconstrucciones más rigurosas del terror religioso y de cómo el símbolo del «diablo» sirvió para controlar sobre todo a las mujeres.
