Alguien acaba de salir de una función y todavía tiene el nudo en la garganta del último acto; otra persona lleva meses ensayando un papel secundario en una compañía amateur y necesita desahogarse con gente que entiende por qué importa. Esa mezcla de espectadores y gente de las tablas es lo que define la sala.
Se recomiendan montajes, se debate si tal adaptación le hizo justicia al texto original y se comparte esa sensación tan concreta de estar delante de un escenario en vivo, sin pantalla de por medio. Sirve para hablar de clásicos, de teatro independiente y de esa obra rara que viste una vez y nunca has podido explicar bien a nadie.