Ese sonido, el uh-oh que avisaba de un mensaje nuevo, marcó a toda una generación. ICQ fue la mensajería que muchos usaron por primera vez, con sus números de usuario en vez de nombres y esa flor verde que ponías cuando estabas conectado. Esta sala es un homenaje a aquellos años.
Aquí se reúne gente que recuerda con cariño cuando agregabas contactos por su número de nueve cifras y esperabas a que se conectaran para hablar. Se comparten anécdotas de aquella época y, sobre todo, se charla en el presente con la misma ilusión de entonces. Los más jóvenes también entran para descubrir de qué iba todo aquello.
La mecánica ahora es más simple: pones tu apodo, entras y empiezas a hablar. La emoción de conocer gente por internet, esa, sigue intacta.