El tarot y la Cábala son sistemas que nacieron de forma completamente independiente y que llevan apenas dos siglos y medio trabajando juntos. Esa unión fue, en parte, resultado de un error histórico. Y sin embargo produjo uno de los marcos interpretativos más coherentes y fecundos del esoterismo occidental.
Antoine Court de Gébelin y el origen del mito
El año 1781 marca el inicio de la conexión moderna entre tarot y Cábala. El pastor protestante y anticuario Antoine Court de Gébelin publicó en su enciclopédica obra Le Monde Primitif un ensayo sobre el tarot en el que afirmaba que las cartas eran un libro sagrado del antiguo Egipto, un manual de sabiduría hermética que los sacerdotes egipcios habían codificado en imágenes para preservarlo de la destrucción.
La afirmación era completamente infundada. Los historiadores actuales han establecido con claridad que el tarot nació en el norte de Italia en el siglo XV como juego de cartas de corte (las Visconti-Sforza son las barajas más antiguas conservadas). No hay ninguna evidencia de origen egipcio ni de transmisión secreta.
Pero la teoría de Court de Gébelin tuvo un impacto enorme. Situó el tarot en el mapa del ocultismo ilustrado y abrió la puerta a las conexiones con la Cábala, que en la imaginación de la época también se asociaba al Egipto hermético a través del Corpus Hermeticum.
Éliphas Lévi y la sistematización
El verdadero arquitecto de la fusión tarot-Cábala fue Alphonse Louis Constant, conocido por su nombre de pluma Éliphas Lévi. En su Dogme et Rituel de la Haute Magie (1854-1856) estableció la correspondencia que todavía estructura el ocultismo contemporáneo: los 22 arcanos mayores del tarot se corresponden con las 22 letras del alfabeto hebreo y, por tanto, con los 22 senderos del Árbol de la Vida cabalístico.
La elegancia del sistema es innegable: 22 arcanos, 22 letras, 22 senderos — el número coincide perfectamente. Si además se añade que cada letra hebrea tiene atributos propios (un número, un elemento, una cualidad), la correspondencia se convierte en un mapa de doble entrada extraordinariamente rico.
Lévi no detalló qué carta correspondía exactamente a qué letra — eso lo dejarían para la Golden Dawn.
La Golden Dawn: las correspondencias definitivas
La Hermetic Order of the Golden Dawn, fundada en Londres en 1888, tomó el esquema de Lévi y lo desarrolló en un sistema completo. Sus adeptos asignaron cada arcano mayor a una letra hebrea específica, lo que implicaba asignarlo también a un sendero del Árbol de la Vida y, a través de él, a una correspondencia astrológica.
El sistema resultante — conocido como el sistema de la Golden Dawn — establecía, entre otras, las siguientes correspondencias:
- El Loco (0) → Aleph (el toro, el aire)
- El Mago (I) → Beth (la casa, Mercurio)
- La Sacerdotisa (II) → Gimel (el camello, la Luna)
- La Emperatriz (III) → Daleth (la puerta, Venus)
Y así hasta las 22 letras. Este sistema está codificado en el Rider-Waite (1909), diseñado por Pamela Colman Smith bajo la dirección del miembro de la Golden Dawn Arthur Edward Waite, y es el punto de referencia del tarot anglófono hasta hoy.
El ajuste de Crowley y el debate vigente
Aleister Crowley, ex miembro de la Golden Dawn que fundó su propio sistema (Thelema), realizó un cambio significativo al diseñar el Thoth Tarot con la pintora Lady Frieda Harris (publicado póstumamente en 1969). Intercambió las posiciones de La Justicia y La Fuerza: en el sistema tradicional, La Fuerza ocupa el VIII y La Justicia el XI; Crowley los invirtió para alinearlos con sus correspondencias astrológicas (Leo = La Fuerza = VIII, Libra = La Justicia = XI).
Este intercambio es la fuente de una de las controversias más persistentes en tarotología. El Rider-Waite mantiene el orden original (aunque Waite también intercambió ambas cartas respecto al orden marsellés, pero en la dirección contraria a Crowley). El Thoth sigue el sistema de Crowley. Muchos tarots modernos eligen uno u otro sin explicitarlo.
El debate de fondo es más profundo que una numeración: ¿debe el tarot alinearse con la astrología o con la cábala cuando ambas tradiciones entran en conflicto? Y, lo más importante, ¿es necesario usar las correspondencias cabalísticas para leer el tarot?
La respuesta práctica es no. Los dos enfoques — tarot con cábala y tarot sin cábala — son igualmente válidos. El sistema cabalístico añade capas de significado que algunos lectores encuentran enriquecedoras; otros trabajan exclusivamente con la simbología visual de las cartas y obtienen lecturas igualmente profundas. Lo que no tiene sentido es mezclar sistemas sin saberlo.
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