Si tienes un mazo de tarot entre las manos, es casi seguro que su iconografía desciende directamente del Tarot Rider-Waite, publicado en Londres en diciembre de 1909. Pocas obras han definido tanto una disciplina como este mazo de 78 cartas: estableció el estándar visual del tarot moderno y lo hizo tan influyente que más de un siglo después sigue siendo el punto de referencia inevitable. Entender su historia es entender por qué el tarot es como es hoy.
Arthur Edward Waite y la Golden Dawn
Arthur Edward Waite (1857-1942) era un estudioso del esoterismo cristiano y miembro de la Hermetic Order of the Golden Dawn, la influyente fraternidad mágica victoriana que reunió a intelectuales, artistas y ocultistas de la época. Waite llevaba años insatisfecho con los mazos de tarot existentes: encontraba que el Tarot de Marsella, el estándar de la época, era demasiado crudo en su simbolismo y dejaba los 56 arcanos menores como simples "pip cards", es decir, cartas con el número de símbolos del palo pero sin escenas narrativas, idénticas en concepto a una baraja española convencional.
Su idea fue crear un mazo completamente nuevo que integrara el sistema simbólico de la Golden Dawn —con sus correspondencias cabalísticas, astrológicas y elementales— y que además fuera visualmente comunicativo para cualquier persona, no solo para iniciados. Para lograrlo necesitaba a una artista.
Pamela Colman Smith: la verdadera autora visual
Pamela Colman Smith (1878-1951), conocida entre sus amigos como "Pixie", era una artista jamaicana-americana afincada en Londres, también miembro de la Golden Dawn y colaboradora habitual de círculos artísticos y teatrales de la época. Waite la contrató para ilustrar el mazo, y ella produjo las 78 cartas en pocos meses, un trabajo notable no solo por su velocidad sino por su profundidad visual.
La contribución de Smith fue revolucionaria: por primera vez en la historia del tarot, los 56 arcanos menores tenían escenas narrativas completas. El Cinco de Copas muestra a una figura de espaldas lamentando vasos derramados mientras ignora los que quedan en pie. El Diez de Espadas muestra a un hombre tendido boca abajo con diez espadas en la espalda. El Tres de Espadas muestra un corazón atravesado por tres espadas bajo una lluvia gris. Cada carta cuenta una historia que cualquier persona puede leer intuitivamente, sin necesitar conocimientos previos de simbología esotérica.
Pese a esta contribución fundamental, Pamela Colman Smith fue raramente acreditada en vida. El mazo se publicó bajo el nombre del editor (Rider and Company) y de Waite, no el de ella. Recibió un pago único, sin derechos sobre las ventas posteriores. Murió en 1951 en la pobreza, relativamente olvidada. Solo en las últimas décadas el mundo del tarot ha comenzado a reconocer su autoría añadiendo "Smith" al nombre oficial del mazo: Rider-Waite-Smith.
Lo que cambió con el Rider-Waite
Antes de 1909, aprender tarot requería memorizar listas de correspondencias o pertenecer a círculos iniciáticos que transmitían los significados de forma oral. El Rider-Waite democratizó el tarot: las imágenes narrativas de Smith hacían posible que cualquier persona, sin formación previa, desarrollara una relación intuitiva con las cartas. Esto tuvo consecuencias que Waite probablemente no anticipó: el tarot dejó de ser un sistema esotérico cerrado y se convirtió en una herramienta de autoconocimiento accesible a cualquiera.
El impacto fue tan profundo que prácticamente todos los mazos publicados en el siglo XX y XXI son variaciones del Rider-Waite. Las miles de ediciones que existen hoy —desde los más fieles al original hasta los más creativos— comparten la misma estructura narrativa en los arcanos menores que Pamela Colman Smith inventó en 1909. Cuando alguien aprende a leer el tarot con cualquier mazo moderno, está aprendiendo, en última instancia, el lenguaje visual que ella creó.
El Rider-Waite hoy
El mazo original sigue editándose en múltiples versiones, algunas fieles al color y estilo de 1909, otras revisadas con paletas más modernas o con correcciones menores. Para quien empieza a aprender tarot, sigue siendo la recomendación más habitual: la abundancia de guías, libros y recursos disponibles hace que sea más fácil aprender con él que con cualquier otro sistema. Para quien ya conoce el tarot, revisitar el Rider-Waite es volver a la raíz de casi todo lo que vino después.
La historia de este mazo es también un recordatorio sobre cómo funciona la autoría en la cultura: Waite puso el marco conceptual, pero Smith puso las imágenes. Y las imágenes son lo que perduró.
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