Durante más de dos siglos, si alguien en Europa sacaba una baraja de tarot, casi con total seguridad tenía en las manos lo que hoy llamamos Tarot de Marsella. Fue el estándar del tarot occidental desde el siglo XVII hasta que el Rider-Waite lo desplazó en el siglo XX, y sigue siendo el punto de referencia para una línea de lectores que prefieren su iconografía directa, su simbolismo condensado y su exigencia de interpretación activa por parte de quien lee.
Un nombre algo engañoso
El nombre "Tarot de Marsella" puede llevar a confusión: no hubo un único mazo de Marsella creado en esa ciudad en una fecha concreta. Lo que ocurrió fue que entre los siglos XVII y XVIII, los talleres de impresores de Marsella, Lyon y otras ciudades del sur de Francia estandarizaron un estilo de tarot que circulaba ampliamente por Europa. El nombre se popularizó en el siglo XIX, y el investigador francés Romain Merlin lo usó sistemáticamente en 1869, fijando la etiqueta que usamos hasta hoy.
Dentro del "Tarot de Marsella" existen en realidad variantes: el Tarot de Nicolás Conver (1760), el de Jean Dodal (c. 1701) o el de Jean-Pierre Payen son algunos de los ejemplares históricos más conocidos, cada uno con pequeñas diferencias iconográficas. La etiqueta genérica agrupa a todos ellos bajo un mismo estilo reconocible.
La iconografía: arcanos mayores con escenas, arcanos menores sin ellas
La característica más definitoria del Tarot de Marsella es la diferencia entre sus dos mitades. Los 22 arcanos mayores tienen escenas figurativas elaboradas: El Loco, El Mago, La Papisa, La Emperatriz... son imágenes con composición, personajes y simbolismo narrativo. Aquí el Marsella tiene una riqueza visual propia que los expertos consideran a menudo más profunda en su simbolismo geométrico y cromático que el Rider-Waite.
Los 56 arcanos menores, en cambio, son "pip cards": muestran únicamente el número de símbolos del palo (espadas, bastos, copas, oros) dispuestos de forma ordenada o decorativa, sin figuras humanas ni escenas narrativas, salvo en las cartas de la corte (sota, caballero, reina, rey). Esto hace que los arcanos menores del Marsella sean considerablemente más difíciles de interpretar para alguien acostumbrado al Rider-Waite: requieren un sistema de interpretación basado en la numerología, los palos y la posición, no en la lectura directa de escenas.
Jodorowsky y el renacimiento del Marsella
Si el Tarot de Marsella mantiene una presencia significativa en el siglo XXI, es en gran medida gracias al trabajo de Alejandro Jodorowsky (1929), cineasta chileno-francés conocido por películas como El Topo y La montaña sagrada. Jodorowsky descubrió el tarot en los años 50 a través de un anticuario parisino y pasó décadas desarrollando su propio método de lectura basado exclusivamente en el Marsella.
En 2004, junto al historiador del tarot Marianne Costa, publicó La vía del tarot, un libro exhaustivo que sistematizó su método y lo expuso al gran público. La obra tuvo un impacto enorme: introdujo a una nueva generación de lectores al Marsella y lo posicionó no como un sistema arcaico superado por el Rider-Waite, sino como una tradición con una profundidad propia que el Rider-Waite no podía reemplazar, solo complementar.
Jodorowsky restauró también, junto a Philippe Camoin (heredero de una familia de impresores marselleses), el Tarot Camoin-Jodorowsky: una versión del Marsella basada en los grabados originales con correcciones que Jodorowsky considera más fieles a la iconografía fundacional.
Por qué elegir el Marsella hoy
Leer con el Tarot de Marsella exige más al lector precisamente porque las imágenes no lo hacen todo. Los arcanos menores sin escenas narrativas obligan a desarrollar un conocimiento del sistema numérico y elemental del tarot, a entender qué significa un cinco frente a un seis, qué diferencia hay entre los palos, cómo interactúan posición e inversión. Esto puede parecer un inconveniente para quien empieza, pero muchos lectores experimentados consideran que este esfuerzo inicial produce una comprensión más fundamentada del sistema.
El Marsella también tiene una presencia estética diferente: su paleta limitada, sus líneas xilográficas y su austeridad visual crean una experiencia de lectura más sobria y menos sugestionada por el detalle narrativo. Para quien busca un tarot más conceptual y menos ilustrativo, el Marsella sigue siendo, siglos después, una elección de primera categoría.
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