Pocas frases han viajado tan lejos como «Como es arriba, es abajo». Aparece en libros de autoayuda, en tatuajes, en foros de astrología y en manuales de magia ceremonial. Su origen es un texto brevísimo —apenas una página— conocido como la Tabla Esmeralda o Tabula Smaragdina, considerado durante siglos el documento más sagrado del hermetismo occidental. Entender qué dice, cuándo apareció y por qué importó tanto exige separar la historia de la leyenda.
Qué dice la Tabla Esmeralda
El texto completo de la Tabla Esmeralda es sorprendentemente corto: en la versión latina medieval no ocupa más de quince líneas. Su contenido central es una serie de proposiciones sobre la naturaleza de la realidad y la práctica de la transmutación. La frase más famosa, que en latín reza Quod est inferius est sicut quod est superius, establece el principio de correspondencia: lo que existe en el plano celeste o espiritual tiene un reflejo en el plano terrestre o material, y viceversa.
Este principio fue la base filosófica de la astrología —los planetas influyen en los cuerpos y los temperamentos—, de la magia simpática —actuar sobre el símbolo afecta a lo simbolizado— y de la alquimia —la transformación del metal refleja la transformación del alma—. En una sola frase, la Tabla Esmeralda articulaba la cosmovisión que sustentaba tres de las grandes tradiciones esotéricas occidentales.
El origen árabe y la leyenda medieval
La leyenda dice que la Tabla Esmeralda fue encontrada en el sepulcro de Hermes Trismegisto, inscrita sobre una tablilla de esmeralda genuina, por Alejandro Magno, por Apolonio de Tiana o por el propio Abraham —según la versión—. Nada de esto tiene sustento histórico.
El texto más antiguo conocido de la Tabla Esmeralda aparece en árabe, incrustado en una obra del siglo VI o VII llamada Kitāb Sirr al-Khalīqa («Libro del secreto de la creación»), atribuida falsamente al filósofo griego Apolonio de Tiana. La versión latina que circuló por Europa medieval fue traducida en el siglo XII, probablemente en la Península Ibérica o en el sur de Italia, durante la gran oleada de traducciones del árabe al latín que transformó el pensamiento europeo.
La tablilla de esmeralda, el sepulcro de Hermes, la antigüedad faraónica del texto: son añadidos medievales que daban autoridad a un documento de origen relativamente tardío. No es el único caso en la historia del hermetismo: buena parte del Corpus Hermeticum, que se creía escrito por el Hermes egipcio anterior a Moisés, fue datado por el filólogo Isaac Casaubon en 1614 como texto griego de los primeros siglos de nuestra era. La autoridad de los textos herméticos nunca fue su antigüedad real, sino la coherencia de su visión del mundo.
Newton y la Tabla Esmeralda
Uno de los aspectos más fascinantes de la historia de la Tabla Esmeralda es que entre sus lectores y traductores se contó Isaac Newton. Los manuscritos alquímicos de Newton, que permanecieron inéditos durante siglos y fueron subastados en 1936 por el economista John Maynard Keynes, revelan que el padre de la mecánica clásica dedicó tanto tiempo a la alquimia como a la física.
Newton tradujo la Tabla Esmeralda al inglés y la comentó extensamente. Su lectura era filosófico-natural antes que mágica: veía en ella una descripción del universo, no un manual de hechizos. La frase «Como es arriba, es abajo» le parecía una expresión de la universalidad de las leyes naturales —las mismas fuerzas que gobiernan los planetas gobiernan los cuerpos terrestres—, lo que anticipa de manera notable el programa de la física matemática que él mismo estaba desarrollando.
El caso Newton ilustra algo importante: la frontera entre ciencia y hermetismo en el siglo XVII era mucho más porosa de lo que el relato triunfalista de la Revolución Científica sugiere. Los mismos hombres que fundaron la ciencia moderna leían a Paracelso, buscaban la piedra filosofal y consideraban la Tabla Esmeralda un texto revelador.
El principio de correspondencia hoy
«Como es arriba, es abajo» ha sobrevivido a siglos de cambios intelectuales porque captura una intuición que reaparece en contextos muy distintos. En la astrología moderna sigue siendo el fundamento que justifica la influencia de los tránsitos planetarios en la vida personal. En la psicología jungiana, la correspondencia entre el mundo exterior y los procesos interiores es central en la teoría de la sincronicidad. En la física, la homología entre las leyes que rigen lo macro y lo micro —de la mecánica clásica a la mecánica cuántica— resuena, aunque por caminos muy distintos, con el mismo principio.
Que la frase haya migrado a contextos tan alejados de su origen alquímico no la vacía de sentido: la convierte en un ejemplo de cómo ciertas formulaciones filosóficas tienen una vida propia, más larga y más rica que la tradición que las produjo.
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