Stonehenge se construyó en varias fases entre aproximadamente el 3000 y el 2000 a.C. como un monumento ceremonial y posiblemente funerario alineado con los solsticios, y aunque su propósito exacto sigue debatiéndose, la arqueología moderna ha resuelto buena parte de los enigmas sobre cómo se levantó. No hicieron falta extraterrestres ni tecnologías perdidas: bastaron siglos de trabajo coordinado de comunidades neolíticas sorprendentemente organizadas.
Las fases de construcción
El sitio no se edificó de una vez. Primero se excavó un foso circular y un terraplén hacia el 3000 a.C. Más tarde se colocaron las llamadas piedras azules, traídas desde las colinas de Preseli, en Gales, a más de 200 kilómetros. Finalmente, hacia el 2500 a.C., se erigieron los enormes bloques de sarsen, las piedras más reconocibles, con sus dinteles horizontales encajados mediante ensambles de carpintería tallados en piedra.
¿Cómo movieron las piedras?
El traslado de los megalitos es lo que más asombra. Las piedras de sarsen pesan hasta 25 toneladas y proceden de unos 25 kilómetros al norte. Las teorías mejor sustentadas proponen:
- Trineos de madera arrastrados sobre rodillos o raíles engrasados.
- El uso de palancas, rampas y mano de obra numerosa y coordinada.
- Para las piedras azules galesas, posible transporte combinando tierra y vías fluviales.
Experimentos modernos han demostrado que decenas de personas pueden mover bloques de varias toneladas con técnicas simples. Lo extraordinario no es la "imposibilidad" técnica, sino la planificación social que exigió.
Las alineaciones astronómicas
El eje principal de Stonehenge apunta hacia la salida del sol en el solsticio de verano y la puesta del sol en el de invierno. Esta orientación es deliberada y revela un interés por los ciclos solares. Algunas hipótesis del siglo XX lo describieron como un "observatorio" o incluso una calculadora de eclipses; hoy los especialistas son más cautos: hay alineaciones claras con los solsticios, pero las funciones astronómicas más complejas no están demostradas.
¿Para qué servía?
No existe una única respuesta, y probablemente cumplió varias funciones a lo largo de los siglos. Las interpretaciones con mayor respaldo arqueológico incluyen:
- Un lugar de enterramiento: se han hallado restos humanos incinerados de gran antigüedad.
- Un centro ceremonial vinculado a los solsticios, posiblemente con peregrinaciones estacionales.
- Un espacio de reunión y cohesión social para comunidades dispersas.
Separando evidencia de mito
Stonehenge ha alimentado todo tipo de leyendas: druidas, magia de Merlín, energías telúricas o constructores alienígenas. Conviene recordar que los druidas son muy posteriores al monumento y no lo edificaron. Las afirmaciones sobre "energías" medibles carecen de respaldo científico. Lo realmente fascinante es lo comprobado: una sociedad sin escritura ni metales avanzados fue capaz de concebir y ejecutar una obra que ha resistido cinco mil años.
Lo que la arqueología sigue investigando
Stonehenge no es un caso cerrado, y ahí reside parte de su atractivo legítimo. Las excavaciones recientes han ampliado el foco más allá del círculo de piedras: el monumento formaba parte de un paisaje ceremonial mucho más amplio, conectado con otros recintos cercanos como Durrington Walls, donde se cree que se alojaban los constructores y se celebraban grandes banquetes estacionales. El análisis de isótopos en restos de cerdos y personas indica que acudía gente desde regiones muy alejadas de Gran Bretaña.
Otras preguntas abiertas que la ciencia aborda con datos incluyen:
- El origen exacto de cada tipo de piedra azul y la ruta concreta de su transporte desde Gales.
- El motivo por el que el monumento se reorganizó varias veces a lo largo de los siglos.
- El alcance real de sus funciones astronómicas más allá de los solsticios.
El verdadero misterio de Stonehenge no está en lo sobrenatural, sino en la ambición y el ingenio de quienes lo levantaron. Cada nueva excavación afina la imagen de un pueblo neolítico mucho más sofisticado de lo que durante mucho tiempo se supuso, y ese es un enigma que la ciencia sigue desentrañando piedra a piedra.
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