Si preguntas a alguien por el origen del tarot, es probable que escuches algo sobre el antiguo Egipto, los sacerdotes de Hermes Trismegisto, los Cabalistas medievales o los gitanos que transportaron el conocimiento esotérico a través de Europa. Son historias hermosas. También son, en su mayor parte, inventadas en el siglo XVIII. La verdadera historia del tarot es menos mística en su origen y más fascinante en su evolución.
El origen real: el norte de Italia, siglo XIV
Las evidencias históricas más sólidas sitúan el origen del tarot en el norte de Italia, entre finales del siglo XIV y principios del XV, específicamente en las cortes de Milán, Ferrara y Bolonia. El nombre original era Tarocchi. No era un instrumento esotérico: era un juego de cartas de la nobleza, similar al juego de triunfos, donde los arcanos mayores funcionaban como cartas especiales que "triunfaban" sobre los palos ordinarios (similar al concepto moderno del comodín, pero multiplicado).
El Tarot Visconti-Sforza: los mazos más antiguos conservados
Los mazos de tarot más antiguos que han llegado hasta nosotros son los Visconti-Sforza, encargados por las familias nobiliarias de Milán entre 1440 y 1480. Son obras de arte extraordinarias: pintadas a mano sobre pergamino, con detalles en oro y plata. De los varios mazos de esta familia que se conocen, ninguno está completo: las cartas se distribuyen entre diferentes museos y colecciones privadas. Estas cartas ya muestran los arcanos mayores que reconocemos hoy — El Papa, La Emperatriz, El Ermitaño, La Rueda de la Fortuna — aunque con diferencias iconográficas respecto al tarot moderno.
El Tarot de Marsella: estandarización y producción masiva
Entre los siglos XVII y XVIII, la ciudad de Marsella (Francia) se convirtió en el centro de producción masiva de cartas de tarot para toda Europa. Los impresores marselleses estandarizaron el diseño: el llamado Tarot de Marsella fijó la iconografía de los arcanos mayores que, con variaciones, sigue siendo la base del tarot hasta hoy. Los arcanos menores del Tarot de Marsella son "pip cards": muestran el número de símbolos del palo (espadas, bastos, copas, oros) sin escenas narrativas, al estilo de una baraja española o francesa convencional.
El mito egipcio: Antoine Court de Gébelin, 1781
En 1781, el erudito francés Antoine Court de Gébelin publicó un ensayo en el que afirmaba haber descubierto que el tarot era en realidad el Libro de Thoth, un antiguo texto sagrado egipcio preservado en forma de cartas. La afirmación no tenía ningún fundamento histórico — él mismo admitió que era una intuición, no una investigación —, pero fue increíblemente influyente. De Gébelin inventó prácticamente el mito del origen egipcio del tarot, que se convirtió en un pilar del imaginario esotérico europeo durante siglos. Hoy los historiadores descartan completamente esta teoría, pero el mito persiste en el imaginario popular.
La Orden Hermética del Alba Dorada y el Rider-Waite-Smith (1909)
El tarot que la mayoría de la gente conoce hoy — el Rider-Waite, también llamado Rider-Waite-Smith para incluir a su verdadera autora — fue publicado en 1909 por Arthur Edward Waite y Pamela Colman Smith, ambos miembros de la Orden Hermética del Alba Dorada. La revolución que introdujeron fue enorme: por primera vez, los 56 arcanos menores tenían escenas narrativas completas, no solo símbolos abstractos. Pamela Colman Smith, artista y ocultista, diseñó cada una de las 78 cartas con imágenes que contaban historias reconocibles. Esto hizo el tarot incomparablemente más accesible para los no iniciados.
El tarot en el siglo XX: de Crowley al New Age
En 1944, Aleister Crowley publicó el Thoth Tarot, dibujado por Lady Frieda Harris bajo sus instrucciones: más complejo, más oscuro, cargado de simbología cabalística y astrológica. Junto al Rider-Waite, se convirtió en el otro gran polo del tarot del siglo XX. La explosión del movimiento New Age en los años 70 y 80 popularizó el tarot masivamente: dejó de ser exclusivo de círculos esotéricos y llegó a las librerías generales, los mercadillos y los programas de televisión. Hoy existen miles de mazos de tarot publicados, desde los más fieles a la tradición hasta los más eclécticos e innovadores.
La pregunta que importa: ¿origen o significado?
La historia real del tarot — naipes italianos de la nobleza que se convirtieron en herramienta esotérica a través de siglos de uso, proyección e imaginación humana — es, en cierto modo, más interesante que cualquier mito de origen. Demuestra que los símbolos adquieren significado por el uso que hacemos de ellos, no por una autoridad original que lo decreta. El tarot no es poderoso porque venga de Egipto. Es poderoso porque millones de personas, durante siglos, han proyectado en él sus preguntas más profundas y han encontrado respuestas útiles. El origen es irrelevante. La pregunta que importa es siempre: ¿qué te dice esto a ti, ahora?
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