Pocos personajes de la historia intelectual de Occidente han ejercido una influencia tan desmesurada como Hermes Trismegisto, el «tres veces grande». No fue una persona real: es la síntesis de dos dioses, el griego Hermes y el egipcio Thoth, operada en el crisol multicultural de Alejandría durante los primeros siglos de nuestra era.
A Hermes se le atribuía el papel de mensajero entre dioses y hombres, conductor de almas al inframundo y patrón del conocimiento. A Thoth correspondían la escritura, la sabiduría y los secretos del cosmos. Su fusión dio lugar a una figura de autoridad filosófica y religiosa a quien se atribuyó la autoría del Corpus Hermeticum, la colección de textos que fundó la tradición hermética occidental.
El Corpus Hermeticum y el gran engaño del Renacimiento
El Corpus Hermeticum reúne diecisiete tratados de filosofía religiosa escritos en griego, probablemente en Alejandría entre los siglos II y III d.C. En 1463, Cosme de Médici ordenó a Marsilio Ficino que abandonara temporalmente su traducción de Platón para traducir primero estos textos recién llegados de Macedonía. ¿Por qué la urgencia? Porque Ficino y Cosme creían que eran anteriores a Moisés y a Platón, la más antigua sabiduría conocida.
Este malentendido fue colosal y fértil a la vez. Durante casi siglo y medio, el hermetismo se entendió como la prisca theologia, la teología primordial de la humanidad. Filósofos, magos y teólogos lo estudiaron con la reverencia que merecía la más antigua revelación divina. En 1614, el filólogo Isaac Casaubon aplicó el análisis lingüístico al texto y demostró, con argumentos que hoy seguirían siendo válidos, que los textos pertenecían al siglo II d.C. y no a la antigüedad egipcia.
Paradójicamente, esta demolición no redujo la influencia del hermetismo: ya estaba demasiado arraigado en el pensamiento europeo.
La Tabla Esmeralda: «Como es arriba, es abajo»
De entre todos los textos atribuidos a Hermes Trismegisto, el más citado, imitado e influyente es la Tabula Smaragdina (Tabla Esmeralda). Su primera versión conocida aparece en un texto árabe del siglo VIII, Kitab Sirr al-Khaliq, aunque la tradición afirma que fue encontrada en la tumba del propio Hermes.
Su aforismo central —«Lo que está abajo es como lo que está arriba, y lo que está arriba es como lo que está abajo, para hacer los milagros de la cosa una»— se convirtió en el principio operativo de la alquimia medieval y de toda la astrología simbólica: los planetas del cielo corresponden a metales en la tierra, a órganos en el cuerpo, a cualidades en el alma. Esta lógica de correspondencias universales impregna el tarot, la cábala y la magia ceremonial hasta hoy.
Newton, el último alquimista
Uno de los datos más perturbadores para la imagen del científico moderno es que Isaac Newton, el fundador de la mecánica clásica, dedicó más tiempo y energía a la alquimia y al hermetismo que a la física. El historiador John Maynard Keynes, tras examinar los manuscritos de Newton adquiridos en subasta en 1936, escribió que Newton «no era el primero de la edad de la razón, sino el último de los magos».
Los más de un millón de palabras que Newton escribió sobre alquimia están hoy parcialmente digitalizadas en el proyecto The Chymistry of Isaac Newton (Universidad de Indiana). Newton leía activamente el Corpus Hermeticum, la Tabla Esmeralda y los tratados alquímicos medievales. La noción hermética de fuerzas ocultas que actúan a distancia pudo haber sido el marco conceptual desde el que Newton se atrevió a formular la gravedad como acción a distancia, algo que escandalizó a los cartesianos de su época.
El hermetismo en el esoterismo contemporáneo
Los siete principios herméticos tal como los formuló El Kybalion (publicado en 1908 bajo el seudónimo «Tres Iniciados», hoy atribuido a William Walker Atkinson) —Mentalismo, Correspondencia, Vibración, Polaridad, Ritmo, Causa y Efecto, Género— son hoy el sistema filosófico más citado en círculos de espiritualidad contemporánea, desde el pensamiento positivo hasta el ocultismo ceremonial.
La frase «Como es arriba, es abajo» aparece en prácticamente todas las tradiciones esotéricas modernas, en la astrología psicológica, en el tarot como sistema de correspondencias y en la interpretación simbólica de los sueños. Hermes Trismegisto, la figura más ficticia de la historia filosófica de Occidente, sigue siendo uno de los más reales en sus consecuencias.
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