La mitología maya es un sistema cosmológico extraordinariamente rico y complejo que se desarrolló durante más de tres milenios en la región de Mesoamérica (actuales México, Guatemala, Belice, Honduras y El Salvador). A diferencia de otras mitologías antiguas, buena parte del conocimiento maya fue destruido por la conquista española, pero sobrevivieron textos fundamentales como el Popol Vuh, el Chilam Balam y los Libros de Dzitbalché que nos permiten reconstruir su visión del mundo.
El Popol Vuh: el libro de la creación
El Popol Vuh, el 'Libro del Consejo' de los k'iche', es el texto mitológico más importante que nos ha llegado de la civilización maya. Narra la creación del mundo por los dioses Tepeu y Gucumatz (la Serpiente Emplumada), los múltiples intentos de crear a los humanos (primero de barro, luego de madera, finalmente de maíz) y las aventuras de los Héroes Gemelos Hunahpú e Ixbalanqué, quienes derrotaron a los señores del inframundo Xibalbá.
Los principales dioses mayas
Itzamná es el dios supremo del panteón maya, señor de los cielos, la sabiduría y la escritura — su imagen más conocida es la de un anciano con gorro. Kukulkán (la Serpiente Emplumada) es el equivalente maya de Quetzalcóatl, dios del viento, la sabiduría y la civilización. Chaac es el dios de la lluvia, con su nariz larga y serpentiforme, fundamental en una civilización agrícola. Ix Chel es la diosa de la luna, el agua, la medicina y el tejido. Ah Puch (Kisin) es el señor del inframundo y la muerte.
Los trece cielos y los nueve inframundos
La cosmología maya estructura el universo en capas: 13 cielos (cada uno habitado por deidades específicas) y 9 capas del inframundo (Xibalbá), con la tierra en el centro sostenida sobre el lomo de una tortuga cósmica. El árbol sagrado Yaxché (la Ceiba) une los tres planos, con sus raíces en el inframundo, su tronco en la tierra y su copa en los cielos.
El calendario sagrado y los dioses del tiempo
La civilización maya desarrolló un sistema calendárico de extraordinaria precisión: el Tzolk'in de 260 días y el Haab' de 365 días, que engranados forman la Rueda Calendárica de 52 años. Cada día del calendario tenía su propia deidad regente. Los 20 bacabs sostenían los cuatro rincones del cielo. El tiempo para los mayas no era lineal sino cíclico, y los rituales servían para alimentar a los dioses y mantener el orden cósmico en cada vuelta.
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